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La lucha contra el domino del Capital requiere de una afirmación que
podemos llamar “espiritual”, y que se define en relación a una
subjetivad antagónica a la vacía realidad que nos ofrece la
cosmovisión burguesa, subjetividad que a su vez afirma el deseo y
la posibilidad de un sistema de relaciones desconocido pero que,
inconciente o intuitivamente, experimentamos en lo cotidiano en
cada hecho de entendimiento, complicidad, solidaridad y en el
sentimiento sincero (que no siempre es de placer).
Esta dimensión, que torpemente podemos llamar “subjetivoespiritual”, es difícil de comprender, pues el lenguaje formal es
limitado para definir relaciones que se irán dando en relación a un
movimiento revolucionario (dimensión anárquica de la revolución)
tanto porque dicho aspecto del antagonismo social, como momento
de la lucha de clases -y de la revolución- tiene que ver más con una
disposición particular, a veces experimentada como individual, que
con una comprensión de textos y acontecimientos. En éste sentido,
la teoría permite generar y difundir ideas y entenderlas, facilitando
ese desarrollo particular a la vez que permite poner en común tales
inquietudes.
El antagonismo social es el momento histórico que nos contiene, e
insinúa la fuerza de una revolución en ciernes.
El antagonismo social son las condiciones que impone el
enfrentamiento entre dos sectores de la sociedad presente, la cual
se encuentra dominada por el bando que encuentra mayor provecho
material de ésta relación, a la vez que impone y naturaliza su
dimensión espiritual e ideológica.
La revolución -como proceso de emancipación del ser humano, y
abolicionista de todo cuanto impida la posibilidad de un
entendimiento colectivo y hermanado con la totalidad de nuestro
ecosistema planetario- no pretende imponer las condiciones de vida
proletarias sobre la Tierra, por el contrario, busca afirmar la
comunidad humana (dimensión comunista de la revolución).
Ésta época -sometida al dominio de la burguesía, el orden autoritario
del Estado y el Capital, dependiente de la incesante producción y
consumo de mercancías, y depredadora de todo lo que fomenta la
vida- nos hecha en cara que el antagonismo entre clases es mucho
más que teoría abstracta: es la relación social que tiene a la mayoría
de la humanidad y a toda relación sobre el planeta en estado de
permanente agonía. Sólo la posibilidad de que el proletariado -como
afirmación de la clase revolucionaria- pase a la ofensiva, permitirá
generar las condiciones de un movimiento revolucionario que
cambie radicalmente las cosas.
Pasar a la ofensiva significa tomar el sartén por el mango,
apropiarnos de lo que nos oprime, no para establecer su control de
“otro modo”, sino para tomar ventaja en un estado de conflicto
declarado. Las fuerzas organizadas que controlan nuestra vida
utilizan todas sus posesiones (entre ellas la fuerza productiva del
proletariado) para aniquilar nuestro movimiento.
El proletariado sobrevive en posición de desventaja, y nuestras
acciones de negación a éste sistema se expresan, hoy por hoy, en
su mayoría como reacción a un estrangulamiento mayor -pero
necesario para la economía- de nuestra vida.
Las precisiones en torno a una perspectiva revolucionaria -que nos
permite comprender el presente y actuar en relación a un
movimiento de lucha que es histórico- son conclusiones temporales
que permiten desarrollar nuestra acción hacia la organización de
una tendencia radical.
Quizás, el proceso de comprender todo esto sea más arduo que
realizarlo…
