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podía haber sido dedicado a la ciencia en sí.
La presión por conseguir un requisito demasiado estricto de cara a patrocinadores y empresas
(quienes, a fin de cuentas, serán los que posibiliten a un científico poder continuar realmente con
su trabajo) siembran la discordia. No es difícil darse cuenta de que una competencia desleal
supone una ventaja a la hora de alcanzar cierto objetivos, sobre todo si ya han entrado en juego
otros científicos con la misma estrategia anteriormente. Es en este plano en el que aparecen los
fraudes científicos, los datos falseados, los impostores que consiguen pasar la revisión por pares
y similares engaños. Cuando lo que se está disputando es de gran importancia, el pasar por
encima de los demás para conseguirlo se vuelve muy tentador. Si el prestigio obtenido de las
publicaciones científicas no tuviese el peso que tiene en la actualidad, estas prácticas serían
mucho menos frecuentes.
En conclusión, la influencia del factor de impacto es muy negativa en general. La agilización
de la elección de candidatos, la clasificación por renombre de las revistas evaluadas y sus pocos
otros beneficios no compensan ni de lejos todos los problemas que traen consigo y con su
implantación en el mercado de la ciencia. La principal consecuencia del uso del factor de
impacto es una duerte de mercantilización nociva de la ciencia y una eliminación de sus ramas
menos exitosas para los mercados. Mantener el factor de impacto como referencia efectiva en el
terreno científico no respondería sino a una pereza académica muy dañina, puesto que es difícil
ponderar el mérito real de cada científico individual, pero no por ello es tolerable incurrir en
métodos rápidos, pero defectuosos.
Bibliografía
•
Eva Marder.Helmut Ketenmann. and Sten Grillner. PNAS. nº.14. Diciembre. 2010
•
Cantidad y calidad de los artículos científicos, El País, 25 Octubre 2006.
•
http://es.wikipedia.org/wiki/Factor_de_impacto
Eloy Granda del Valle – Filosofía de la Ciencia
