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Juan Domingo Perón
Modelo Argentino para el Proyecto Nacional
La Hora de los Pueblos está definitivamente en marcha. La Tercera Posición sustenta nuestro accionar. El Tercer Mundo constituye una realidad
irrefutable.
Debemos recuperar la iniciativa que tuviéramos hace tres décadas, como
pioneros de una nueva mentalidad mundial.
Con tal propósito, tenemos que transformar nuestro estado de conciencia en acción deliberada y, con ello, concretar el pensamiento universalista
que nos anima.
nezca al país como comunidad armónica y los logros económicos no atenten
contra la libertad y la dignidad del hombre.
Pero cada uno de mis conciudadanos debe tener muy claro que la única posibilidad de que lo anteriormente expuesto no quede en meras expresiones de deseo depende de que todos los argentinos participen de una profunda revolución
ética, que en verdad implica una auténtica toma de conciencia cristiana.
Nuestra concepción económica no es aséptica, no puede aplicarse como
un conjunto de medidas técnicas si no está integrada en una visión del hombre y el mundo de carácter radicalmente nacional.
Para la conformación económica de nuestra sociedad, resulta indispensable obtener la coincidencia generalizada de todos los sectores, hecha realidad
a través de un compromiso firme, estable y por ende cuidadosamente elaborado a través de lo que será el Proyecto Nacional.
4. El ámbito económico
A) Caracterización general
Los principios y medidas generales que el Modelo Argentino propone en el
campo económico deben comprenderse como justificados y fundados en las bases filosófico-políticas previamente expuestas. Es por eso que, en varias oportunidades, he sostenido que la dimensión política es previa al ámbito económico.
El Justicialismo comprende lo económico como naturalmente emanado
de un proyecto histórico-político de espíritu intrínsecamente nacional, social y cristiano.
En tal sentido, el objetivo fundamental es servir a la sociedad como
un todo, y al hombre no sólo como sujeto natural sometido a necesidades
materiales de subsistencia, sino también como persona moral, intelectual
y espiritual.
En rigor, nuestra concepción tampoco supone que la búsqueda del beneficio personal invariablemente redunda en el bien de toda la sociedad. Por el
contrario, la actividad económica debe dirigirse a fines sociales y no individualistas, respondiendo a los requerimientos del hombre integrado en una
comunidad y no a las apetencias personales.
Esta interpretación amplia y solidaria de la actividad económica llevará
implícita una definición clara del concepto de beneficio, ubicándolo, no ya
como un fin en sí mismo, lo que daría como resultado una utilización de los
recursos en función de un individuo egoísta, sino como la justa remuneración del factor empresarial por la función social que cumple.
Preservamos así el estímulo para fomentar el incremento de la gestión empresarial privada, con su dinamizadora dosis de creatividad, pero enmarcada
en un contexto donde debe prevalecer una distribución socialmente justa.
La esencia de nuestra Tercera Posición consiste en anhelar una sociedad
eminentemente creativa y justa, en la cual la conducción económica perte78
B) Necesidad de considerar el ámbito supranacional
Hasta el momento ha prevalecido en casi todos los países la concepción
restrictiva de desplegar la actividad económica con el solo fin de lograr el
máximo bienestar para sus habitantes. De ahora en adelante el panorama
se amplía, tendiendo a aunar esfuerzos en el nivel regional e internacional a
fin de elevar, en mutua colaboración, las condiciones de vida de la sociedad
universal del porvenir.
El mundo del futuro se está orientando hacia nuevas formas en virtud de las
cuales ya no tendrá sentido analizar los problemas como exclusivamente nacionales. Será preciso condicionarlos a la evolución general de la humanidad, en la
que el progreso de la ciencia y la tecnología, por una parte, y la expansión demográfica, por la otra, influirán decisivamente sobre los sistemas socio-económicos.
Por lo tanto, las soluciones de los diversos problemas en el nivel nacional no
podrán ser logradas plenamente si buscan su concreción exclusivamente dentro
del país, como si éste fuera un compartimiento estanco.
Toda labor económica se hace efectiva persiguiendo metas determinadas
y considerando las restricciones propias de las circunstancias. En tal sentido, el futuro exigirá perseguir metas mundiales en función de posibilidades también mundiales. Por consiguiente, en la medida en que la Argentina
oriente su accionar económico en tal dirección, será mayor su trascendencia
en el orden internacional.
El desarrollo no debe quedar en manos de unos pocos, o de grupos poderosos, como tampoco debe responder a la concepción de una sola comuni79
