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VIDA ESCOLAR

que ya nos gustaría tener a tantos de nosotros, y
que fue quien les dio carta de naturaleza independiente a estos artefactos lingüísticos en la historia
de la Literatura. Y aunque pueden rastrearse greguerías en la obra de muchos autores anteriores a
él, desde los clásicos griegos y latinos, y pasando
por Quevedo o Shakespeare hasta autores del siglo
XIX e incluso de ahora mismo, existe un consenso
bastante generalizado acerca de que Gómez de la
Serna inventó el “género”, por así decir. El único
mérito que puedo arrogarme al respecto, si es que
alguno tengo, es el de haber intentado ser un digno
seguidor de él, de ellos, en
esta faceta de la greguería.
Yo le encuentro parentescos
cercanos con el aforismo y
la poesía, dos formas de
la expresión escrita por las
que siento una especial predilección.
¿Recuerdas cuál fue tu
primera greguería?
La primera “morería” que
escribí y publiqué en mi libro ‘El juego de la taba’ fue
esta: “Los que ríen con los
ojos tienen mucho humor vítreo”. (Curiosamente, caigo
ahora en la cuenta de que
no está incluida en esas 99
que vosotros conocéis). Seguramente se me ocurrió en
algún momento de risas con
los amigos combinado con
el recuerdo de lo que me
gustaba la asignatura de
Ciencias Naturales cuando
era un estudiante de vuestra
edad. Eso del “humor vítreo”
era casi para nota en algún

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examen de los de entonces. Saqué Matrícula de
Honor, no os digo más. Claro, que también suspendía con frecuencia Matemáticas y Física y Química,
no vayáis a creer que era una lumbrera.
¿Qué sensaciones buscas en la creación de
greguerías?
Ramón definía la greguería con la fórmula
Metáfora+Humor. Yo me atrevería a añadir a esta
fórmula las incógnitas de la ironía y lo visual. El lector debe “ver” la greguería, transformarla en imagen con su imaginación. En cierto modo, y rizando
el rizo, muchos humoristas
gráficos también “dibujan”
greguerías en sus viñetas
sin palabras; viñetas que,
sin embargo, “leemos” al
primer golpe de vista. Y no
otro es mi propósito al escribirlas que intentar resolver esa ecuación con cierta
fortuna. Pero lo bueno de
las greguerías es que no
se buscan, se encuentran,
nos salen al camino con su
sonrisa y su sorpresa cuando menos lo esperamos. Y
hay que estar atento cuando aparecen. Porque tal y
como aparecen, se marchan de repente si no les
haces caso. No me parecen
malas estas sensaciones
como compañeras de viaje
tanto en lo literario como en
lo vital.
Como escritor que eres,
¿cuál es tu autor favorito
o al que más frecuentas?
¿Por qué?