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DE JAGUARES Y GUANACOS
Chile el jaguar de Latinoamérica , como fue considerado en los años 90;
con la arrogancia de sus
gobernantes que hoy
exhiben el ingreso per
cápita (16.000 dólares) y
el crecimiento de la economía (5,2 % en Marzo),
como señal de desarrollo
(para unos pocos), con la
corrupción de los nuevos
y viejos ricos de este
país, amén de otras particularidades, como el
sistema electoral; en
suma con su modelo
económico ha demostrado al mundo de manera
elocuente que este sistema
solo genera desempleo, miseria, delincuencia, discriminación, injusticia social y desigualdad extrema.
Pues, según informe de la
OCDE (Organización para la
Cooperación y Desarrollo
Económico) al que Chile adhirió enarbolando las optimistas cifras de su modelo, nos
refiere en el primer lugar de
los países donde hay mayor
desigualdad de ingresos de la

población y en el tercer lugar
de la lista de naciones con un
mayor número proporcional
de pobres.
¿Quién dijo que el crecimiento económico generaba mejor
distribución de ingresos?
Frente a este panorama y con
carencias en todos los sectores de nuestra sociedad; educación, vivienda, salud, medio
ambiente etc. Y con la mayoría de los damnificados del
terremoto del 2010 aún viviendo en campamentos, nos
encontramos con algo
“nuevo”: el reemplazo del
jaguar por el guanaco, el gobierno a través de Carabineros decidió aumentar su
número comprando 10 nuevos carros lanza agua por la
módica suma de 3 mil millones de pesos.
Argumentan que el 50% de su
maquinaria se encuentra
fuera de servicio; pero más
importante aún, hacen referencia al número de personas
que el año pasado salieron a
la calle, y es claro tuvieron
que reprimir: “más de 2 millo-

nes de personas los que derivaron en situaciones de descontrol
público”.
Tres cosas a considerar:
1.– Definitivamente el gobierno
está más interesado en invertir
en la represión que en mejorar la
calidad de vida de los chilenos
( el invierno de los damnificados
por ej.) asunto además inherente
al modelo económico.
2.– Esperan mayores movilizaciones para este año, de ahí la urgencia en la compra ( que no fue
a licitación).
3.– No se equivocan; en las nuevas generaciones y gran parte de
la antigua, ha brotado una vez
más la semilla sembrada desde
siempre por el pueblo chileno; la
semilla de la justa lucha por una
patria mejor que más temprano
que tarde, logrará un cambio de
sistema y una vida digna, sin
jaguares ni guanacos.
¡SEREMOS MILLONES!

¡¡¡ Vamos a Andar!!!

La batalla en que perdimos el miedo Deisy Avendaño del Colectivo Jóvenes Coyhaiquinos
Nunca habíamos visto un avión
Hércules. Recuerdo que eran pasadas las 21:30 hrs., y uno de mis
tantos compañeros de lucha me
comunicó que estaba aterrizando
un avión Hércules lleno de FE que
irían directo al Puerto a dispersar a
las personas al precio que sea.
Así, comencé a llamar a mis compañeros del Colectivo, además de
otros simpatizantes que difundieron
lo que estaba pasando. Estábamos
en un “estado de sitio” no declarado, las calles se tiñeron verde, el
olor a represión era insoportable.
No sabíamos donde reunirnos, no
sabíamos a qué nos enfrentaríamos, lo que si teníamos claro era
que a partir de esa noche nunca
volveríamos a ser los mismos.
Muchos resultaron heridos esa
noche, algunos perdieron la vista,
otros tenían más de doce perdigones en el cuerpo, hubo guaguas
intoxicadas por el humo de las
lacrimógenas, mientras Piñera,
Hinzpeter y Chadwick nos tildaban
de patagones terroristas.
Era necesario llamar la atención de
los carabineros, ya que los aiseninos estaban cansados de tantas
horas de lucha, de tantos palos,
insultos, y aunque siempre fueron

fuertes y nunca se arrodillaron ante el
terrorismo del gobierno, esa noche
era necesario darles un respiro. Fue
así como decidimos movilizarnos a
una de las entradas de Coyhaique
donde queda una distribuidora de
alimentos.
LA BATALLA POR EL PUENTE
Habíamos visto que Aisén se organizaba, había mujeres y niños que
juntaban piedras, otros llevaban los
escudos de lata para proteger a
quienes defendían el puente solo con
piedras. Algunos pescadores atravesaban lazos para impedir el paso a
través de éste, otros armaban rumas
de neumáticos, otros atendían a los
heridos, y así la orgánica de defensa
tenia sus frutos. En Coyhaique la
logística era distinta, no contábamos
con un puente, tenemos muchas más
entradas a la ciudad, pero esa noche
era decisiva, había que hacer algo…
nos toco perder el miedo, olvidarnos
de los perdigones, sacarnos de la
cabeza que podíamos caer presos,
esta noche los carabineros debían
venir a Coyhaique, para que nuestros
hermanos de Aysén pudieran tener
un respiro.
Los neumáticos comenzaban a escasear, por lo que muchos optaron por
derribar árboles y otros los traslada-

ban a las llamas. Faltaban piedras, por
lo que se gritaba: “aquí hay que dejar
camotes”, algunas mujeres golpeaban
la barrera de contención, tornando el
ambiente de nervios, ansias, impaciencia, impotencia, porque ya eran pasadas las 11 de la noche, y los pacos aún
no llegaban. Se abrió la distribuidora
Adelco, sacando los palets para tirarlos
al fuego, y alimentos que fueron repartidos en sectores de escasos recursos.
A medida que avanzaba la hora; algunos vigilaban los posibles ingresos de
las FE, y a eso de las 12 llegaron las
primeras lacrimógenas a mis pies,
muchas mujeres se trasladaron a
distancia segura, los hombres y mujeres combatientes nos quedamos al
choque. Sentí muchos disparos, el aire
estaba tóxico, cortaba la garganta y los
ojos. Cayo uno de los nuestros, los
pacos intentaban avanzar, no podían
por la lluvia de piedras y las barricadas
que entorpecían su camino. De tanta
piedra, perdigón, humo, la rabia se
apodero de nosotros y decidimos bajar
y acercarnos más a las FE, éramos
más de 600, podíamos ganarles, pudimos hacerlo. Fue una lucha campal, en
la que perdimos el miedo, donde nos
dimos cuenta de que podemos vencer
la desigualdad, que somos dueños de
nuestra libertad, de nuestra tierra, que

el agua nos pertenece a nosotros y no a
las transnacionales, que somos patagones y no “huasos huevones” como nos
gritaban los de FE. Somos una región
que demostró valentía, unión, independencia, solidaridad y por sobre todo,
dejó en la retina del mundo el nombre
de Aisén, puesto a la altura de cualquier
guerrillero, de cualquier batalla. Hoy
somos capaces de combatir la corrupción, la represión. Estoy orgullosa de
haber sido parte de esta lucha, pero no
es la última de mi vida, aún nos queda
tanto que construir, tanto por que luchar.