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Por la mañana, llegaban temprano a la Central Quesera "Q" y husmeaban, escarbaban
e inspeccionaban la zona para ver si había habido cambios con respecto al día anterior.
Luego se sentaban y se ponían a mordisquear queso.
Una mañana,, llegaron a la Central quesera "Q". y descubrieron que no había Queso.
No les sorprendió.
Como habían notado que las reservas de queso habían ido
disminuyendo poco a poco, Olí y Corrí estaban preparados para lo inevitable e,
instintivamente, enseguida supieron lo que tenían que hacer.
Se miraron el uno al otro, cogieron las zapatillas deportivas que llevaban atadas al
cuello, se las calzaron y se las anudaron.
Los ratones no se perdían en análisis profundos de las cosas. Y tampoco tenían que
cargar con complicados sistemas de creencias.
Para los ratones, tanto el problema como la solución eran simples. La situación en la
Central Quesera "Q" había cambiado. Por lo tanto, Olí y Corrí decidieron cambiar.
Ambos asomaron la cabeza por el laberinto. Entonces, Olí alzó el hocico, husmeó y
asintió con la cabeza, tras lo cual, Corrí se lanzó a correr por el laberinto y Olí lo siguió
lo más de prisa que pudo.
Ya se habían puesto en marcha en busca de queso nuevo, ese mismo día, más tarde,
Kif y Kof hicieron su aparición en la Central Quesera "Q". No habían prestado atención
a los pequeños cambios que habían ido produciéndose y, por lo tanto, daban por
sentido que su queso seguiría allí.
La nueva situación los pilló totalmente desprevenidos.
- ¿Qué? ¿No hay Queso? -gritó Kif -. ¿No hay queso? - repitió muy enojado, como si
gritando fuese a conseguir que alguien se lo devolviera- . ¿Quién se ha llevado mi
queso? -bramó, indignado. Finalmente, con los brazos en jarras y el rostro enrojecido
de ira, vociferó:
¡Esto no es justo!
Kof sacudió negativamente la cabeza con gesto de incredulidad. Él también había dado
por supuesto que en la Central Quesera "Q" habría queso, y se quedó paralizado por la
sorpresa. No estaba preparado para aquello.
Kif gritaba algo, pero Kof no quería escucharlo. No tenía ganas de enfrentarse a lo que
tenía delante, así que se desconectó de la realidad.
La conducta de las personitas no era agradable ni productiva, pero sí comprensible.
Encontrar queso no había sido fácil, y para las personitas eso significaba mucho más
que tener todos los días la cantidad necesaria del mismo.
Para las personitas, encontrar queso era dar con la manera de obtener lo que creían
que necesitaban para ser felices. Cada una tenía, según fueran sus gustos, su propia
idea de lo que significaba el queso.