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CUADERNOS DEL CENDES
Desarrollo como libertad
AÑO 23. N° 63
Entrevista con Amartya Sen
TERCERA ÉPOCA
SEPTIEMBRE-DICIEMBRE 2006
resulta extremadamente importante luchar por la razón –para celebrarla, para defenderla
y para ayudar a extender su alcance–.
Nacionalismos anticolonialistas
NS: Se ha sugerido que, en parte, la razón por la que los movimientos religiosos han
tomado su actual forma en grandes áreas del Tercer Mundo –sin ir más lejos, en la India–
tiene que ver con el modo en que estos movimientos, que se integraron en la lucha nacionalista anticolonial, fueron reprimidos en el período inmediatamente posterior a la independencia porque fueron vistos como incompatibles con el Estado constitucional moderno.
¿Se trata de una explicación que le resulta cercana? ¿Estaría de acuerdo en que estos
hechos históricos complican la introducción del modelo liberal secular?
AS: La explicación me resulta cercana, y creo que es falsa. No creo que algo semejante a esto haya ocurrido. No es cierto que el hecho de que la religión adquiriera un papel
más importante en la esfera política en países como Pakistán tuviese como efecto reactivo
un fortalecimiento de los fundamentos seculares de la sociedad. Más bien ocurrió todo lo
contrario.
El colonialismo encarcela la mente. Pero la mente colonizada a veces toma una forma profundamente dialéctica. Una de las formas que la mente colonizada adquiere es la
del más rabioso antioccidentalismo: juzgas el mundo en tanto que víctima o heredero de
las víctimas de la dominación occidental durante cientos de años o más, y esto puede
convertirse en tu preocupación preponderante hasta el punto de arrinconar todas las demás identidades y prioridades. De pronto, por ejemplo, los activistas árabe-musulmanes
pueden ser persuadidos de que deben verse a sí mismos como personas que tratan de
saldar cuentas pendientes con Occidente, por lo que todas las demás filiaciones y asociaciones quedan aparcadas. En tales casos, el grueso de la tradición de la ciencia arábica, de
la matemática arábica, de la literatura arábica, de la música y de la pintura habría perdido
su papel como activo capaz de conferir información e identidad a estos grupos humanos.
Este es el resultado de una mente colonizada: se olvida cualquier cosa que no tenga que
ver con la relación con los antiguos colonizadores. Cabe, pues, vincular las raíces de parte
de la violencia que observamos hoy a una reacción contra el colonialismo profundamente
equivocada. Cuando los reinos musulmanes administraban los centros de la civilización en
el pasado, de España y Marruecos a la India e Indonesia, las gentes no tenían necesidad
febril alguna de definirse en términos negativos, como sujetos que se oponen a algo, esto
es, viéndose a sí mismos como lo que mi amigo Akeel Bilgrami denomina «el Otro» –«¡no
somos occidentales!»–. Esto era así porque en esa época ser musulmán o árabe implicaba
la participación de una identidad altamente valorada. Tenían una filosofía, se interesaban
por la ciencia, tenían un gran interés por su propio trabajo y por el de otras gentes. La obra
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