Compendio de Textos para PAU UCLM 2025 26.pdf


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Conclusión
«No, la mujer no es nuestro hermano; por pereza y corrup­
ción, la hemos convertido en un ser aparte, desconocido, sin más
arma que su sexo, lo que no sólo supone una guerra perpetua,
además no es arma de buena lid -adorado u odiado, pero no
compañero franco, un ser que forma legión con espíritu de cuer­
po, francmasonería- con desconfianzas de eterno pequeño esclavo.»
.
Muchos hombres suscribirían estas palabras de Jules Lafor­
gue; muchos piensan que entre los dos sexos hay y habrá siempre
«riñas y disputas» y que la fraternidad nunca será posible. El he­
cho es que ni hombres ni mujeres están actualmente satisfechos
los unos de los otros. La cuestión es saber si se trata de una mal­
dición original que les condena a la guerra perpetua o si los con­
flictos que los enfrentan sólo expresan un momento transitorio de
la historia humana.
Hemos visto que, a pesar de las leyendas, ningún destino fi­
siológico impone al Macho y a la Hembra como tales una hostili­
dad eterna; incluso la famosa mantis religiosa sólo devora a su
macho a falta de otros alimentos y en interés de la especie: a ella
están subordinados todos los individuos de arriba abajo de la es­
cala animal. Por otra parte, la humanidad es más que una especie:
es un devenir histórico; se define por la forma en que asume la
facticidad natural. En realidad, ni con la peor fe del mundo es po­
sible detectar entre el macho y la hembra humanos una rivalidad
de orden puramente fisiológico. Por esta razón, debemos situar
más bien su hostilidad en este terreno intermedio entre la biología
y la psicología que es el del psicoanálisis. La mujer, dicen, tiene

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