Compendio de Textos para PAU UCLM 2025 26.pdf


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uno de los puntos de vista más habituales es el del bien público,
el interés general. En realidad, cada cual entiende con ello el inte­
rés de la sociedad tal y como desea mantenerla o establecerla.
Desde aquí consideramos que no hay más bien público que el que
garantiza el bien privado de los ciudadanos; juzgamos las institu­
ciones desde el punto de vista de las oportunidades concretas que
procuran a los individuos. Tampoco hay que confundir la idea de
interés privado con la de felicidad: se trata de otro punto de vista
que se da con frecuencia: ¿las mujeres de un harén no son más fe­
lices que una electora? ¿El ama de casa no es más dichosa que
una obrera? No sabemos demasiado lo que significa la palabra fe­
licidad, y mucho menos cuáles son los valores auténticos que en­
cubre; no hay ninguna posibilidad de medir la felicidad ajena y
siempre es fácil declarar feliz una situación que se quiere impo­
ner: en particular, cuando se condena a alguien a estancarse, se le
declara feliz con el pretexto de que la felicidad es la inmovilidad.
Por lo tanto, no nos vamos a referir a esta noción. La perspectiva
que adoptamos es la de la moral existencialista. Todo sujeto se
afirma concretamente a través de los proyectos como una trascen­
dencia, sólo hace culminar su libertad cuando la supera constan­
temente hacia otras libertades; no hay más justificación de la
existencia presente que su expansión hacia un futuro indefinida­
mente abierto. Cada vez que la trascendencia vuelve a caer en la
inmanencia, se da una degradación de la existencia en un «en sí»,
de la libertad en facticidad; esta caída es una falta moral si el su­
jeto la consiente; si se le inflige, se transforma en una frustración
y una opresión; en ambos casos, se trata de un mal absoluto. Todo
individuo que se preocupe por justificar su existencia la vive
como una necesidad indefinida de trascenderse. Ahora bien, lo
que define de forma singular la situación de la mujer es que, sien­
do como todo ser humano una libertad autónoma, se descubre y
se elige en un mundo en el que los hombres le imponen que se
asuma como la Alteridad; se pretende petrificarla como objeto,
condenarla a la inmanencia, ya que su trascendencia será perma­
nentemente trascendida por otra conciencia esencial y soberana.
El drama de la mujer es este conflicto entre la reivindicación fun­
damental de todo sujeto que siempre se afirma como esencial y
las exigencias de una situación que la convierte en inesencial.
¿Cómo puede realizarse un ser humano dentro de la condición fe­
menina? ¿Qué caminos se le abren? ¿Cuáles conducen a un calle­
jón sin salida? ¿Cómo recuperar la independencia en el seno de la
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