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Autor: Carlos Javier Blanco Martín

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SÓCRATES

Pensamiento

Podemos considerar a Sócrates como el padre de la Ética. El hombre debe buscar la
virtud (areté). La virtud se aprende y se enseña. Es fundamental el conocimiento teórico
previo para poder llevar a cabo una aplicación práctica. Esto pasa con la mayoría de los
saberes y es válido también para la virtud o la Ética.
Sócrates no escribió nada y, a pesar de haber tenido numerosos seguidores, nunca creó
una escuela filosófica.
Sócrates enseñaba de manera dialogada. No podemos confundir diálogo y debate. No se
trata de vencer sino de convencer. Argumentar racionalmente para hallar la Verdad, no
para humillar al contrario. El diálogo filosófico no es un torneo. Algunos, en su tiempo,
le confundieron con un sofista. Grave error: Sócrates no cobraba por sus enseñanzas y no
enseñaba “técnicas de debate”.

Las llamadas escuelas socráticas fueron iniciativa de sus seguidores, no del maestro.
Acerca de su actividad filosófica nos han llegado diversos testimonios, contradictorios
entre ellos, como los de Jenofonte, Aristófanes o Platón, que suscitan el llamado problema
socrático, es decir la fijación de la auténtica personalidad de Sócrates y del contenido de
sus enseñanzas. Si creemos a Jenofonte, a Sócrates le interesaba fundamentalmente la
formación de hombres de bien [hombres virtuosos, con areté], con lo que su actividad
filosófica quedaría reducida a la de un moralista práctico: el interés por las cuestiones
lógicas o metafísicas sería algo completamente ajeno a Sócrates. Poco riguroso se
considera el retrato que hace Aristófanes de Sócrates en "Las nubes", donde aparece como
un sofista jocoso y burlesco, y que no merece mayor consideración.

Más problemas plantea la interpretación del Sócrates platónico: ¿Responden las teorías
puestas en boca de Sócrates en los diálogos platónicos al personaje histórico, o al
pensamiento de Platón? La posición tradicional es que Platón puso en boca de Sócrates
sus propias teorías en buena parte de los diálogos llamados de transición y en los de

madurez, aceptándose que los diálogos de juventud reproducen más fielmente el
pensamiento socrático. Esta posición se vería apoyada por los comentarios de
Aristóteles sobre la relación entre Sócrates y Platón, quien afirma claramente que Sócrates
no "separó" las Formas, lo que nos ofrece bastante credibilidad, dado que Aristóteles
permaneció veinte años en la Academia.

Diálogos platónicos de juventud: un Sócrates más fiel.
Diálogos platónicos de transición y madurez: Platón pone en boca de Sócrates sus propias
teorías.
Recuerda que Sócrates no escribió nada, y es muy difícil conocer el verdadero
pensamiento de Sócrates.

El rechazo del relativismo de los sofistas llevó a Sócrates a la búsqueda de la
definición universal, que pretendía alcanzar mediante un método inductivo;
probablemente la búsqueda de dicha definición universal no tenía una intención
puramente teórica, sino más bien práctica. Tenemos aquí los elementos fundamentales
del pensamiento socrático...
Los sofistas habían afirmado el relativismo gnoseológico y moral. Sócrates criticará ese
relativismo, convencido de que los ejemplos concretos encierran un elemento común
respecto al cual esos ejemplos tienen un significado. Si decimos de un acto que es "bueno"
será porque tenemos alguna noción de "lo que es" bueno; si no tuviéramos esa noción, ni
siquiera podríamos decir que es bueno para nosotros pues, ¿cómo lo sabríamos? Lo
mismo ocurre en el caso de la virtud, de la justicia o de cualquier otro concepto moral.
Para el relativismo estos conceptos no son susceptibles de una definición universal: son
el resultado de una convención, lo que hace que lo justo en una ciudad pueda no serlo en
otra. Sócrates, por el contrario, está convencido de que lo justo ha de ser lo mismo en
todas las ciudades, y que su definición ha de valer universalmente. La búsqueda de la
definición universal se presenta, pues, como la solución del problema moral y la
superación del relativismo.
¿Cómo proceder a esa búsqueda? Sócrates desarrolla un método práctico basado en el
diálogo, en la conversación, la "dialéctica", en el que a través del razonamiento
inductivo se podría esperar alcanzar la definición universal de los términos objeto de
investigación. Dicho método constaba de dos fases: la ironía y la mayéutica.

1) En la primera fase el objetivo fundamental es, a través del análisis práctico de
definiciones concretas, reconocer nuestra ignorancia, nuestro desconocimiento
de la definición que estamos buscando. Sólo reconocida nuestra ignorancia
estamos en condiciones de buscar la verdad.
2) La segunda fase consistiría propiamente en la búsqueda de esa verdad, de esa
definición universal, ese modelo de referencia para todos nuestros juicios
morales. La dialéctica socrática irá progresando desde definiciones más
incompletas o menos adecuadas a definiciones más completas o más

adecuadas, hasta alcanzar la definición universal. Lo cierto es que en los diálogos
socráticos de Platón no se llega nunca a alcanzar esa definición universal, por lo
que es posible que la dialéctica socrática hubiera podido ser vista por algunos
como algo irritante, desconcertante o incluso humillante para aquellos cuya
ignorancia quedaba de manifiesto, sin llegar realmente a alcanzar esa presunta
definición universal que se buscaba.
Esa verdad que se buscaba ¿Era de carácter teórico, pura especulación o era de carácter
práctico? Todo parece indicar que la intencionalidad de Sócrates era práctica: descubrir
aquel conocimiento que sirviera para vivir, es decir, determinar los verdaderos valores a
realizar. En este sentido es llamada la ética socrática "intelectualista": el conocimiento
se busca estrictamente como un medio para la acción. De modo que, si conociéramos
lo "Bueno", no podríamos dejar de actuar conforme a él; la falta de virtud en nuestras
acciones será identificada pues con la ignorancia, y la virtud con el saber.

En el año 399 Sócrates, que se había negado a colaborar con el régimen de los Treinta
Tiranos, se vio envuelto en un juicio en plena reinstauración de la democracia bajo la
doble acusación de "no honrar a los dioses que honra la ciudad" y "corromper a la
juventud". Al parecer dicha acusación, formulada por Melitos, fue instigada por Anitos,
uno de los dirigentes de la democracia restaurada. Condenado a muerte por una mayoría
de 60 o 65 votos, se negó a marcharse voluntariamente al destierro o a aceptar la evasión
que le preparaban sus amigos, afirmando que tal proceder sería contrario a las leyes de la
ciudad, y a sus principios. El día fijado bebió la cicuta.
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