RACISMO NÓRDICO COMPRIMIDO (2) (1).pdf

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judía, cambió mi primera impresión sobre Viena. Por doquier veía judíos y cuanto más los observaba,
más se diferenciaban a mis ojos de las demás gentes. Y si aún hubiese dudado, mi vacilación hubiera
tenido que tocar definitivamente a su fin, debido a la actitud de una parte de los judíos mismos.
La doctrina judía del marxismo rechaza el principio aristocrático de la Naturaleza y coloca en lugar del
privilegio eterno de la fuerza y del vigor, la masa numérica y su peso muerto.
Niega así en el hombre el mérito individual e impugna la importancia del nacionalismo y de la raza
abrogándose con esto a la humanidad la base de su existencia y de su cultura. Esa doctrina, como
fundamento del universo, conduciría fatalmente al fin de todo orden natural concebible por la mente
humana. Y del mismo modo que la aplicación de una ley semejante en la mecánica del organismo más
grande que conocemos, provocaría el caos, sobre la tierra no significaría otra cosa que la desaparición
de sus habitantes.
Si el judío con la ayuda de su credo marxista llegase a conquistar las naciones del mundo, su diadema
sería entonces la corona fúnebre de la humanidad y nuestro planeta volvería a rotar desierto en el eter
como hace millones de siglos.
La Naturaleza eterna venga inexorablemente la transgresión de sus preceptos.
Así creo ahora actuar conforme a la voluntad del Supremo Creador: al defenderme del judío estoy
luchando a favor de la obra del Señor [pág. 60].
(…) los “Protocolos de los Sabios de Sión”, tan infinitamente odiados por los judíos, nos muestran de
modo incomparable, hasta que punto la existencia de este pueblo está basada en una mentira
permanente. Cada semana el “Frankfurter Zeitung” se lamenta y clama que éstos se basan en una
falsificación: esto constituye la mejor prueba de que son auténticos. (…) Cuando ese libro se transforme
en propiedad común del pueblo, podremos considerar que la amenaza judía será quebrantada (…) [págs.
325-326].
Su instinto, infalible en este ámbito, presiente el alma genuina de cada uno, provocando con toda
seguridad, su hostilidad para con todo aquél que no coincide con su espíritu.
Puesto que el judío no es el agredido sino el agresor, no solamente los que le atacan se vuelven sus
enemigos, sino también todo los que se le resisten.
Los medios que utiliza para tratar de quebrantar semejante alma inconsciente pero honesta, no son
legítimos: al contrario, son la mentira y la calumnia.
Nada lo detiene y su bajeza se vuelve tan gigantesca que nadie debe extrañarse de que la personificación
del demonio, como símbolo de todos los males, tome en nuestro pueblo la forma viviente del judío.
La ignorancia de las grandes masas acerca de la naturaleza innata del judío, la falta de instinto y la
mentalidad estrecha de nuestra clase alta, hacen de nuestro pueblo una víctima fácil para la campaña de
falsedad judía.
Mientras por su cobardía innata las clases altas se apartan de un hombre que los judíos atacan con
mentiras y calumnias, las grandes masas, ya sea por estupidez o inocencia, se lo creen todo.
Las autoridades del Estado buscan refugio en el silencio o bien, y esto es lo que suele ocurrir por regla
general, callan frente a la campaña de prensa judía, persiguiendo a los que están atacados injustamente,
lo que, para la visión de un tonto funcionario, pasa por ser la preservación del Estado y la salvaguarda
de la ley y del orden.
