Informe Pandemia 241121.pdf


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producidas por las radiaciones ionizantes y no ionizantes. El daño del tejido puede
ser lo suficientemente serio como para conducir a la muerte celular. Nuestro
organismo se defiende del ataque de los radicales libres mediante el Sistema
Antioxidante Endógeno. Por ello existe en nuestro organismo un delicado
equilibrio entre la producción de radicales libres, necesarios por parte de nuestro
sistema inmune, y la neutralización de radicales libres cuando se producen en
exceso. La mayoría de las veces la pérdida de este equilibrio en nuestro cuerpo
provoca la presencia de cantidades exageradas de radicales libres, induciendo
daño a las macromoléculas de la célula como acidosis nucleicos (ADN y ARN),
proteínas y lípidos, que pueden conducir a mutagénesis y cáncer o a la muerte
celular; en cualquier caso, aceleran el proceso de envejecimiento y posibilitan el
desencadenamiento de enfermedades diversas.
Los RL son útiles contra bacterias y virus, pero actúan sobre el organismo aún
después de haber concluido sus funciones en el metabolismo normal y en la lucha
contra las infecciones. Por otra parte, el exceso de RL se neutraliza gracias a los
mecanismos de defensa naturales del cuerpo, por ejemplo, la generación de
enzimas oxidorreductasas como superóxido dismutasa, catalasa y peroxidasa. Si
la concentración de estas enzimas es insuficiente, entran en juego los
"barredores" antioxidantes no enzimáticos presentes en el cuerpo: betacaroteno,
vitaminas A, E y C, cisteína, metionina, tirosina, selenio, ácido úrico, transferrina,
cobre, cinc y manganeso. En un organismo saludable hay un buen equilibrio
molecular entre la generación de RL y de sustancias protectoras, pero si la
balanza se inclina a favor de los radicales libres, los daños generales por
oxidación llevan a envejecimiento prematuro, cataratas, carcinogénesis y
aterosclerosis. A su vez, esta última provoca hipertensión, angina, isquemia,
accidentes cerebrovasculares y otros problemas. Las situaciones que estimulan la
producción excesiva de RL son el tabaquismo y alcoholismo; la contaminación
atmosférica por carcinógenos y mutágenos; insecticidas y herbicidas; la
exposición excesiva a rayos ultravioleta, a reactores y a desastres nucleares; los
agentes químicos para procesar alimentos, y los medicamentos anticancerosos.
También desempeña un papel decisivo la "contaminación mental", es decir los
pensamientos negativos que nacen de los celos, la ira, la avaricia y el odio. Otros
efectos deletéreos se deben a estrés emocional o causado por el dolor (con
aumento de glucocorticoides y catecolaminas) y al uso de ciertos medicamentos,
por ejemplo antiangina. Entre los medios farmacológicos de combatir esos efectos
cabe mencionar la nutrición clínica aplicada, terapia de oxígeno hiperbárico y
deferroxamina, ácido edético (quelante de RL), enzima superóxido dismutasa,
vitaminas A, C y E, alopurinol (inhibidor de la xantina oxidasa), dimetilsulfóxido y
ditiotreitol (eficaces contra los daños producidos en los tejidos por radiactividad),
bloqueadores de la vía del calcio como nifepidina y verapamil, inhibidores de la
enzima conversora de la angiotensina (ACE) como el captopril, y el vasodilatador
pentoxifilina. Entre los medios no farmacológicos más efectivos deben
considerarse el cese del consumo de tabaco y alcohol; el inicio de ejercicio físico,
yoga y meditación trascendental (producen superóxido dismutasa y disminución
de los RL); y el consumo de suplementos nutricionales (ricos en vitaminas y
minerales).

ESTUDIO DE LA PANDEMIA
Dr. Sergio J. Pérez Olivero (C) Copyright (24/11/21) All Rights Reserved

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