REVISTA NUMERO 31 CANDÃS EN LA MEMORIA.pdf

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RECORDATORIOS CANDASINOS
JUARI
Eran años de penurias, pero Juari, con
su enorme simpatía, se empeñaba en
convertirlos todos en días de fiesta y alegría.
Tierno, sentimental, muy candasín, con gesto
ladeado y pose de altivez fingida, gozaba
cantando a la vida. Agotador de todos los
alcoholes, le gustaba comer bien, los buenos
vinos, la sidra bien espalmada y el champán...
francés. Era un solterón casado, un rumbero
amante de la noche que se iba, a la primera de
cambio, con el caimán para la Barranquilla,
y se acostaba de madrugada, como un
adolescente.
Este gran «cansao», que alcanzó los galones
de teniente instructor en la contienda civil,
preparaba los ángulos de su rostro para
los gestos más celebres y simpáticos. A su
manera, fue genio del humor en aquel Candás
salazonero, todavía no muy grande, de
Genaro la Parra, Ramón de Medero, Manolo
la Galga, Silvino el Cumbre, Constante
Bolero, Don Tomás, Agudín, la Egua, Manolo
el Menor, Luis «Coruxa»...
Su escena definitiva era aquella en la que, de
pie en la Baragaña, con los ojos cargados de
sueño, se ponía a escuchar a la Banda en los
dias señalados. Pipi, su amigo, uniformado
de azul marino, batuta y gorra en la mano,
entre serio y sonriente, camina desde el
Martiecho hacia el estrado y al pasar junto a
Juari, éste le dice con voz solemne y cara de
circunstancias: «Maestro Antuña... mucho
cuidado con el Si Bemol».
AGUSTIN JUARI
Fue un clásico candasín, un empedernido
del baile y de la juerga por los lugares de
ambiente de Gijón, a donde iba, como el
mejor embajador de la gracia de nuestro
pueblo, con aquella farra de notables en el
entrañable coche de Bernardo «Fotingo».
Texto de José Marcelino García
de su libro El humo de los barcos
Dibujo Alfredo Menéndez
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