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Villa Gesell, 2021
Empujó la puerta de la cortina metálica del video club. Una luz celeste se esparcía por el local
y formaba un intencional túnel al final del cual, en otro salón menos iluminado, una mesa
rotunda y larga parecía presidir el lugar. A un costado bordeando la pared, en pequeñas
columnas negras, reposaban sobre paños que mostraban un especial cuidado, un oso, una
concha, una palma, todos de oro. No alcanzó a ver ningún óscar.
En la cabecera de la mesa se abría un semicírculo hacia adentro y ocupándolo, de pie, con la
mirada puesta en él, estaba con su sonrisa de siempre el dueño del video. Era el vértice de un
ángulo que formaban alineados por la izquierda seis hombres y por la derecha otros cinco. No
conocía a ninguno.
Sobre la mesa, en el centro, un león de oro tensaba su soberbia desde adentro de la estatua.
Tu llegada Luis - dijo el dueño del video - completa nuestra fraternidad, donde relucen los
nombres de quienes nos hicieron vivir sensaciones que perduran en tantos hombres que en
varios idiomas y en momentos dispares de sus vidas sintieron en el encuentro con el artista y
su mensaje la inesperada capacidad de recrearlo.
La pompa del lugar y las palabras grandilocuentes sorprendieron su sencillez. Los escrutó a
todos y encontró difícil describir su piel y sus miradas, porque la luz celeste, aunque tenue, los
igualaba.
Desconcertados por la ausencia de un nombre tan común pero tan buscado - continuó el
dueño del video - nos sentimos iluminados cuando un Luis fue nuestro socio 315, y vivimos ese
momento como una señal superior para nuestra fraternidad al enteramos que el número de tu
casa terminaba igual. Era el mensaje esperado, tu llegada concluyó la búsqueda; ante la certeza
decidimos por unanimidad nombrarte el último socio.
Sintió que un foco de luz violeta buscaba su rostro como si el iluminador quisiera destacar el
plano. La luz hirió sus ojos lo suficiente para que el dueño del video se difumara, su voz ahora
una mezcla de patronazgo y seducción dominó la escena.
- Te nombro entonces, Luis, nuestro par, y te impongo los atributos de la fraternidad, ven,
acércate sobre mi izquierda. Te sentarás a nuestra mesa junto a Vittorio, Roberto, Françoise,
Andrés, Pier Paolo, Akiro, Ettore, Federico, Ingmar, Sergei y René.
Caminó hasta completar el lado del ángulo donde solo había cinco.
La cámara hizo foco sobre los rostros falsos de esos nombres famosos; como un museo de
máscaras que escondían las caras verdaderas, la segunda cara de los hombres.
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