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9 Cuentos cortos | Alberto Naso
Hoy, esta frase por pretérita, es 21 de diciembre y asoma el verano, la abandonamos a su
suerte, la nuestra empezó esta mañana cuando emprendimos el viaje, sucesos del ahora y
sucesos de catorce años atrás, como si quisieran juntarse borrando interregnos, en un juego de
paralelas que buscan unirse antes del infinito, antes que el tío Manuel se saque las zapatillas y
las medias, se arremangue los pantalones y los pies pataleen por el agua del mar, que le da la
bienvenida con espumas del carnaval del viento, y la comparsa del canto monocorde de las
olas lo arrulle.
Columbramos que el sol, estrella de luz y de calor, baja tuberías transparentes que hienden las
nubes, aspiran y elevan negros y grises, dejando la tarde celeste, aventurando la promesa de
un cielo limpio, para mirar otras estrellas, las de la noche.
Seguimos la ruta, costeando los pueblos por orillas de suburbios, y hablamos de sus habitantes
imaginarios para nosotros, quizás durmiendo la siesta.
¿Todos sueñan cuando duermen la siesta? – pregunta Ema, y se contesta- yo sí, pero los temas
son distintos a los de la noche, que se repiten a veces; en contraste, las siestas que a algunos
le suenan aburridas, son un encanto de la imaginación en el cosmos de los sueños, no tienen
ferocidad, ni angustias, ni derrotas.
En oposición – confiesa Marina- el saber tiene algo, tirando a demasiado, de autoritarismo,
desciende como miles de paracaídas para intentar salvarnos, de eso mismo, de la gran caída,
de las miasmas, de la inmoralidad del anonimato, de la muerte; es solo una ficción de un diablo
o un dios, no interesa quién nos engaña; resulta mejor esta lluvia, que nos deja cuando se va,
el sol de la tarde, y nosotros nos hacemos el regalo del contemplar silenciosos, detalles, el
molino de viento que gira aunque está herido porque le falta un aspa; multitud de nubes en
huida presurosa y provisional del espacio que aquí oscurecieron, flechas que ajetrean nuevos
cielos para repetirse; las luces del agua sobre los pastos; las vacas a un lado de la arboleda,
dándole espaldas al viento.
Rotonda y boulevard de añosos árboles, a la izquierda las primeras dunas, algunas fijas, otras
inquietas, preludio de playa. Después las otras rotondas.
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