REVISTA NUMERO 29 CANDÃS EN LA MEMORIA.pdf

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UN NUEVO VERANO… LA VIDA SIGUE.
Restallan los voladores en el cielo de San
Antonio pregonando fiesta. La primera en
la parrilla de salida del incipiente verano. Es
domingo trece de junio. Las doce en punto
del mediodía.
Apenas son dos los minutos de estrépito
pirotécnico antes de que el silencio se
propague de nuevo sorteando el humo
esparcido por la ligera brisa y el olor a
pólvora. Es un silencio intuido que ratifica
las previsiones. Por segundo año consecutivo
la celebración será virtual. Ni romería en el
prao Gervasia, ni subasta del ramo, ni danza
prima, ni verbena…, ni tan siquiera el ya
habitual tintineo de la campana en la capilla
del santo con su tono machacón transmisor
de deseos. El virus sigue ganando batallas a
los festejos.
Echo un vistazo al facebook para ver el video
que Late Candás ha editado como forma de
mantener la tradición festera: canto de la
danza, sin danza. Paloma y Josín paseando de
mahón por el prao despoblado de la romería
y saboreando un culín con vistas.
Promoción al comercio de barrio y los
honores al santo al son de gaita y tambor.
No sé si San Antonio estará de acuerdo,
pero creo que le toca adaptarse a los nuevos
tiempos.
Pienso que no le vendría mal un cursillo
acelerado sobre redes sociales para
actualizarse y poder seguir ayudando a sus
romeros en asuntos de romances y también
en el hallazgo de los objetos perdidos.
Es lo que se impone cada vez con más
consistencia: la realidad virtual.
Paseando al atardecer volví a caer en la
cuenta de que la naturaleza, por su parte,
no entiende de parones ni aplazamientos
y prosigue inmutable con sus ciclos, ajena
a los padecimientos humanos. Se quedan
sin flores las varitas de san José; esos tallos
espigados que ponen en evidencian la
conclusión del invierno y florecen con su
marcha, para luego tornarse mustios al final
de la primavera. Recuperan las playas los
arenales perdidos tras los embates de las
galernas invernales. Y proliferan en los setos
los aligustres, o sanjuaninos, esparciendo con
su aroma la proximidad del verano.
La vacunación contra ese mal invisible que
nos asola continúa a buen ritmo. Quizá
debiéramos acogernos con mayor fe a la
esperanza. Quién sabe si a finales de verano
podremos imitar a la naturaleza y recuperar,
aunque sea en precario, nuestros ciclos de
antigua normalidad y disfrutar de algún
festejo que se asemeje, tan siquiera un
poquito, a las celebraciones anteriores a la
pandemia, ahora tan añoradas.
Escrito de José Carlos Álvarez
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