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Comenzaba el mes de enero del año 2020 y
La Navidad terminó como todos los años, los
regalos y porqué no decirlo también los auto
regalos hicieron que parte de nuestros deseos se
cumplieran, una segunda parte culminaría con
la llegada de las rebajas, completando así el afán
de conseguir quizás cosas que no nos hacían
falta, las rebajas dejan esas secuelas, compras
por un precio y luego pagas el precio de haberlo
comprado sin necesidad.
Había sido una Navidad como todas, alumbrado
navideño por las calles, dulces, turrones,
ilusiones, belenes, árboles engalanados, sonidos
de cascabeles y villancicos mientras caía la tarde.
Todo parecía que esa Navidad albergaba buenos
presagios, sería una cuesta de enero con poco
desnivel y pronto deberíamos pensar en ese Día
de San Valentín porque nuestro afán es seguir la
corriente que nos lleva.
Nunca imaginamos nada semejante, la ficción se
volvió realidad, el mundo se paró y como si una
de aquellas plagas nos quisiera atrapar.... tuvimos
que encerrarnos en nuestras casas.
Durante muchos días nuestro hogar se convirtió
en una prisión, salir a buscar alimentos fue
cuánto podíamos hacer, las horas se eternizaban
terminando con sueños de sonámbulo
retrocediendo a nuestra edad infantil, sentados
en el sofá
se juntaban la siesta con la hora de acostarse
tratando de espantar el tedio con la ilusión por
recordar algunas de las sonrisas compartidas.
El contador de sonrisas y afectos nos tenia
entretenidos mientras mirábamos la televisión
sin verla, el contador mágico de todas y cada una
de las sonrisas que pudimos observar, contador
de afectos encontrados en muchas ocasiones
porque si de algo nos sentimos orgullosos,
ese algo fue la expresión lírica de una sonrisa
sincera, premio a una sencilla labor de sentido,
responsabilidad y sensibilidad.
El efecto miedo ante esta grave situación de
pandemia, ha sido vencido por los valores
sentimentales que todos hemos sacado del baúl
de nuestra mente, de los archivos, de cada año
vivido, el tratamiento contra el miedo ha sido y
sigue siendo la riqueza de los mejores momentos,
de aquellas sonrisas contadas, nuestro contador
de sonrisas ha sido el mejor aliado cuando oír la
gran cantidad de vidas que se han perdido, nos
encogía el alma mermándonos las fuerzas para
afrontar el siguiente día.
- ¿ Y tú quien eres ?
- ¿ Que quien soy yo ?
Dos preguntas en un sueño, aquel que fuimos y el
que hoy somos
- ¿ Porqué no me dices quien eres ?
- Verás, si te digo quien soy vas a echarte a reír ?
- ¿ Porqué ?
- Porqué, porqué, porqué... mira yo soy tu cuando
seas mayor, ese soy yo
- Jajajajajajaja
- Ves, te dije que te reirías si te dijera quien soy
- Es que no me imaginaba yo que sería tan raro
- ¿ Entonces, como creías tú que serías de mayor ?
- Pues como tú no, jajajaja, con pelo blanco, con
cejas casi blancas jajajaja
- Oye, yo de pequeño no fui tan guasón eh, o sí
- Tú sabrás que has sido yo
Durante muchos días adormilados por la sombra
del virus, hemos repasado parte de nuestro
camino, regresando al tiempo en el cual no
teníamos responsabilidad alguna, aquel mundo
que pasó tan deprisa y que hoy añoramos cuando
mirándonos al espejo vemos que sí, que ya
tenemos el pelo blanco y las cejas van clareando.
- ¿ Oye ahora que se quien eres, porque no me
cuentas que me va a pasar cuando yo sea así como
tú ?
- ¿ Primero tendrás que aprender a tratar a los
mayores de Ud. ?
- Jajajajajajaja... no habíamos quedado en que tú
eras yo cuando fuera mayor
- No puedo contigo... vale sí tienes razón, haber si
me despierto y me dejas en paz.
El mundo de la ironía o se doblega con ilusión
y humor o el mundo te doblega a ti, aunque el
dicho dice que... los sueños, sueños son.
Feliz Navidad .
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Escrito por César Quintanilla Pascual
