REVISTA NUMERO 25 CANDÁS EN LA MEMORIA.pdf


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Entre tantas y tantas anécdotas acontecidas
en mi periplo laboral dentro de La Ciudad
de Vacaciones de Perlora, hay una que quiero
compartir creyendo que entre el relato, el hecho
y las conclusiones, puede tener un carácter
entre divertido y suceso social con tintes
groseros o grotescos en la actitud de la principal
protagonista.
Era un tiempo feliz, La Residencia Jacobo
Campuzano disfrutaba de unos arreglos acorde
al tiempo que corría, se hicieron baños en cada
habitación evitando así las colas mañaneras para
utilizar los aseos comunes, se cambiaron las
ventanas y se reformó el sistema de calefacción.
Entre Semana Santa y el inicio de los turnos de
verano, era costumbre que acudieran grupos de
llamados “ Labradores “, un variopinto mundo
de la tercera edad cuya estancia era de una
semana y que procedían de muchos lugares de
España, disfrutando no solo del entorno, si no
de las excursiones que se programaban como la
que a continuación se cuenta en el relato cuyo
destino era Luarca y Cudillero.
Había cambiado el turno, Manuel Lege Lis
recordado como “ Manolín “, salía y yo entraba
para cubrir el resto del día.
- ¡ Hola “ Manolín , cuéntame si hay algo nuevo
!
- Nada César, vas a tener una tarde tranquila, el
grupo grande está de excursión
- Pues venga.... que Consuelin ( su mujer ) ya te
estará esperando
Así comencé ese turno de tarde, una tarde
tranquila y que una llamada de teléfono vino a
ser la tortura de algunas horas más tarde.
Y en efecto, sobre las cuatro de la tarde sonó el

el teléfono
- Si.... dígame
- ¿ Es el conserje de Perlora ?
- Si, dígame
- Mire...... ( una voz de mujer con un tono
nervioso me habló ), mire Ud. soy una señora
que está en la habitación 146, estamos en Luarca
de excursión, y esta mañana con las prisas, me he
dejado una bolsita de cuero con dinero encima
de la cama, ¿ Puede subir haber si las señoras de
la limpieza la guardaron ?
- Si, si, voy ahora a mirar, no se preocupe
- Le llamo dentro de un rato y me dice
Intuí que la tarde se complicaba, por lo general
mis compañeras de trabajo, las señoras de
la limpieza, solían comunicarnos cualquier
hallazgo, pequeñas bisuterías, algunas monedas
e incluso carteras con gran cantidad de dinero,
se recogían, se registraba y posteriormente se
entregaba a los propietarios.
Registré la habitación sin encontrar “ el taleguín”
que contenía el dinero, me desesperé porque
sabía lo que podría acontecer.
Sonó de nuevo el teléfono
- Si, dígame
- Soy la señora que ha llamado antes, ¿ha
recogido la bolsita ?
- Pues mire no he visto nada, ni mis compañeras
me entregaron nada al salir
- ¡ Ay Dios míooooo, ay Dios míoooo, mire Ud.
que EL DINERO ES MUY GOLOSO !
- Bueno mujer, no se preocupe seguro que
aparecerá, yo no he abierto el armario por
respeto, lo mismo está dentro
- ¡ Que no, que no, que no, que lo dejé entre
las sábanas, eso es que lo han cogido y se han
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