REFLEXIÓN para Domingo cuarto de Pascua 2020.pdf


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Por eso, o Jesús despierta más vocaciones de pastores, o la Iglesia busca otros caminos, para
que se comprometan más cristianos. Y digo “más cristianos”, porque si digo “que las mujeres
que también pastorean” accedan a pastores, me corro el peligro de que me cuelguen y no
tengo vocación de ahorcado.
¡Es la ERA DE LOS LAICOS! Y desde aquí valoro y agradezco la extraordinaria labor que
están haciendo, en primera línea de acción pastoral, al equipo de laicos que trabajan en las
distintas parcelas de la vida parroquial… Seguid adelante y no os desaniméis, porque, como
dice Jesús, “yo estoy con vosotros”. ¡Abríos al mundo, porque el mundo os necesita!…
Aquí quiero felicitar a Benedicto XVI que
hablando a Obispos recién consagrados,
pastores de pastores, les pide: “Vigilad al
rebaño, prestando una atención especial a los
sacerdotes. Guiadlos con el ejemplo, vivid en
comunión
con
ellos,
estad
siempre
disponibles para escucharlos y acogerlos con
benevolencia paterna, valorando sus diversas
cualidades”.
Por otra parte, nosotros, siendo pastores,
somos, también, rebaño. Y, como el resto de
“ovejas”, necesitamos que alguien se
preocupe de nosotros.
Tenemos que escuchar, pero también necesitamos ser escuchados.
Tenemos que ser modelo, pero también necesitamos modelos.
Tenemos que conocer, pero también necesitamos ser conocidos.
Tenemos que darle nuestro tiempo al rebaño, pero también necesitamos que nuestros Obispos
nos concedan parte de su tiempo para escucharnos.
Tenemos que amar a nuestras ovejas, pero también necesitamos sentirnos amados de
nuestros Pastores-Obispos.
Algunas veces, nos lamentamos del fallo de muchos sacerdotes. Y uno se pregunta si ¿será
siempre culpa nuestra? Porque, también, nosotros tenemos nuestro corazón y nuestros
sentimientos y nuestras luchas y nuestros cansancios. Por eso necesitamos “una atención
especial” de nuestros Obispos.
Por ultimo permitidme, para terminar esta reflexión, seguir diciendo algo en este tiempo
especial de incertidumbre, de sufrimiento, de impotencia, de desconcierto y miedo…Los
creyentes estamos invitados a escuchar a Jesús el buen Pastor. Él puede mostrarnos cómo
acompañar, escuchar, sanar o sostener a quien lo necesita y hacerlo sin alardes, sin
demostraciones de poder, sino con humildad, silencio y hondura.
Hoy las puertas de los lugares de culto están cerradas y eso puede invitarnos a recordar
que hay una puerta abierta, una puerta que nunca se cierra y esa es Jesús. No importa que
las iglesias se cierren porque Jesús de Nazaret, su vida, su actuar… son la única puerta que
nos lleva a la Vida. En él se sostiene nuestra fe y nuestra esperanza.
Él ha venido a darnos Vida y Vida abundante. El entregó la suya, no para iniciar un ritual
excelso y misterioso, sino para que Dios, Padre y Madre, pudiese derramar todo su amor,
ternura y perdón en la vida de todo ser humano (Hb 4, 15; 5, 8-10). Por eso, lo que
verdaderamente importa es que sigamos sosteniendo nuestra vida en Dios, orando y
compartiendo la esperanza, sintiéndonos hermanos con el de cerca y con el de lejos,
aprendiendo de miles de gestos generosos, humildes y entregados de tantas mujeres y
hombres, que en medio de la “pandemia del covid.19”, nos muestran el rostro del Buen
Pastor.