CÓMO SABER SI HEMOS RESUCITADO (1).pdf


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En esta Pascua de la soledad, vivida en medio tantos lutos, y problemas
económicos, vacunémonos con la vacuna de la Esperanza y
tengamos presente lo que nos ha dicho el papa:
“Que Jesús, nuestra Pascua, conceda fortaleza y esperanza a los
médicos y a los enfermeros, que en todas partes ofrecen un testimonio
de cuidado y amor al prójimo hasta la extenuación de sus fuerzas y, no
pocas veces, hasta el sacrificio de su propia salud. A ellos, como
también a quienes trabajan asiduamente para garantizar los servicios
esenciales necesarios para la convivencia civil, a las fuerzas del orden
y a los militares, que en muchos países han contribuido a mitigar las
dificultades y sufrimientos de la población, se dirige nuestro recuerdo
afectuoso y nuestra gratitud”.
“Este no es el tiempo de la indiferencia, porque el mundo entero está
sufriendo y tiene que estar unido para afrontar la pandemia”.
“Procuremos que no les falten los bienes de primera necesidad, más
difíciles de conseguir, ahora cuando muchos negocios están cerrados,
como tampoco los medicamentos y, sobre todo, la posibilidad de una
adecuada asistencia sanitaria. Considerando las circunstancias, se
relajen además las sanciones internacionales de los países afectados,
que les impiden ofrecer a los propios ciudadanos una ayuda
adecuada, y se afronten —por parte de todos los Países— las grandes
necesidades del momento, reduciendo, o incluso condonando, la
deuda que pesa en los presupuestos de aquellos más pobres”.
¡TODOS JUNTOS VENCEREMOS!
¡Cristo ha resucitado y nosotros resucitaremos con Él!

¡CRISTO VIVE!