REVISTA NUMERO 16 CANDÃS EN LA MEMORIA.pdf

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Candás rinde tributo a su pasado marinero en
la misa por sus náufragos
La iglesia de San Félix de Candás acogió
en la tarde de ayer la tradicional misa por
los náufragos de la villa marinera. Entre los
asistentes al acto religioso (en la imagen), el que
más y el que menos tiene lazos familiares con
pescadores. Hijos, nietos, sobrinos, hermanos,
en definitiva, descendientes de hombres de la
mar que, día tras día, arriesgaban su vida para
ganarse el jornal entre tempestades y marejadas.
Por su memoria y, sobre todo, por la de los que
dejaron la vida en la mar, rezaron ayer decenas
de candasinos en el templo de San Félix, informa
P. F.
¡Pobre Candás !
Es Candás un pueblecito de la costa de Asturias;
está orilla del mar, y casi en su totalidad se
compone de pescadores, gente pobre, como toda
la de su oficio, y trabajadora y honrada, según
dicen en esta villa.
Candás , hace ocho días, era domingo, estaba
alegre, hoy se ve cubierta de luto ¿Se vio presa de
las llamas como Arnedo y Viaña, o asolada por
las aguas como Sevilla y Badajoz? Más valiera.
Menos triste sería que sus casas se desplomaran
al resplandor del incendio, o fueran socavadas
por la inundación, que oír salir de ellas los ayes
lastimeros de tantas viudas, de tantas madres
que ya no tienen hijos, de tantos niños que han
perdido a su padre.
En la iglesia, conocida en su país por su
milagroso Cristo, se oye sin cesar el fúnebre
doblar de las campanas que tocan a muerto, y
todos los que tienen corazón lloran al saber la
terrible desgracia.
Hace ocho días, era domingo; Candás estaba
alegre, veía salir al mar sus lanchas, les deseaba
pesca abundante, y decía hasta la vuelta a
muchos ¡ay! que no debían volver. Iban a esa
pesca, para la cual hay que alejarse mucho de la
costa, y estando lejos se desencadenó el viento,
que parecía un huracán.
Los que vivimos en esta costa brava no podemos
oír sin temor las ráfagas del viento huracanado,
ni los bramidos del mar, sin temblar por
por los pobres navegantes, y en especial por
los pescadores, que en su frágil nave no tienen
medio de luchar con aquella fuerza que parece
que tiene vida, y voluntad feroz y vil, puesto
que se ensaña con los débiles.
El día 14 de este mes era uno de esos días en
que lo recio del viento nos hacía pensar con
tristeza en los que estaban en el mar. Por la
tarde se dijo:
-Las lanchas de Candás han entrado de
arribada.
-¿Todas?
-No, faltan cuatro; dos parece que han ido a
Tazones; de las otras dos no se sabe...
Y no se ha sabido más. Esta Comandancia
de Marina ha telegrafiado preguntando a los
pueblos de la costa; todas las respuestas han
tenido una desconsoladora igualdad: No ha
arribado, ni se tiene noticia de ninguna lancha
de Candás .
Los primeros días, los más inclinados a esperar
abrigaban aún alguna esperanza; pero al fin fue
preciso perderla, y se han sabido los nombres
de 34 marineros, algunos de la misma familia,
y que todos dejan una en la miseria. El mar
los ha tragado verdaderamente, y en vano las
mujeres y los niños van gimiendo por la playa24
