REVISTA NUMERO 14 CANDÁS EN LA MEMORIA NOVIEMBRE 2019.pdf


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RECORDATORIOS CANDASINOS
Marta Rodríguez Muñiz “Marta la pescadera”
Ahí la tienen ustedes, Esta mujer con su
cigarrillo en los labios y su rostro curtido por
los soles, los vientos y los fríos, con una sonrisa
cordial, es Marta, Marta Rodríguez Muñiz,
que durante 66 años ha llevado por todos los
caminos de nuestro concejo y hasta de más
allá, en unión de otras pescaderas, la alegría,
la gracia, el sacrificio y el pescado fresco desde
Candás, Tiene 80 años, y todavía tiene aire
para gritar a todos los vientos con su «paxo» a
la cabeza o «Hay panchinos»... Muchos de los
clientes de estas vendedoras, conocían a Candás
por sus conversaciones con ellas, y aprendieron
a querer a nuestra villa por mediación de estas
andadoras de barrios, aldeas y parroquias con su
peculiar sabor a mar.
Entamé» a vender pescado a los
catorce años. Iba por el mundo:
Yabio, Campanal, Ponteo, Tremañes,
La Calzada, Gijón...
Andando, siempre andando. Con aire
apresurado, desafiando el sol o el mal tiempo,
dice que tardaban en llegar a Gijón algo más
de dos horas. Iban vendiendo por el trayecto,
siguiendo el paso cuando encontraban cerrados
los establecimientos de sus clientes...
Veinte o veinticinco kilos de pescado fresco y
sabroso; sardinas, parrochina, besugos, pescado
de pareja, bacaladas, panchinos. Había días que
hacían la ruta dos veces.
La hemos hecho una pregunta maliciosa, Y ella
sonríe. Marta sonríe siempre.
“Hombre, yo tenía que engañar algo,
porque yo también compraba caro y
tenía que venderlo un poquitín más
caro pa ganar la pesetina. Engaño
honrado –aclara- de robar nada.”
Sus mejores clientes estaban en Tremañes. «Allí
vendía mucho, y también en Yabio y
Campanal...»

Dibujo de Alfredo Menéndez

Se acuerda de sus años mozos y de lo «pobres»
que eran las fiestas. Nunca bailó en Santarrúa,
aunque esto es extraño. Danzaba en la Baragaña,
Y luego se iba a esperar la entrada de los barcos
a la ribera. Hasta que levantaron la rula actual,
el pescado se vendía «a pública subasta» sobre
las mismas rampas.
«Nunca perdí; aunque ganaba poco.
Ganábamos un duro y veníamos locas de contento con él para comprar
un real de aceite, una perrona de pimentón y una perrina de azúcar...»
¡Qué tiempos aquellos!
«Las Navidades de antes non valían
nada, pues éramos todos pobres y no
ganábamos ni lo más necesario».
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