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LITERATURA
PREVENTA
4 diciembre 2019
NOVEDADES
diciembre
98
Sidonie-Gabrielle Colette (Saint-Sauveur-en-Puisaye, 1873 – París, 1954), considerada una de las mejores escritoras del
siglo pasado, sigue siendo una figura extravagante y enigmática. A los veinte años
se casó con Henry Gauthier-Villars, quien
la animó a escribir sus recuerdos de infancia: de ahí surgió la serie de novelas Claudine (1900-1907), que empezaron a aparecer
bajo la firma de su marido. Tras el divorcio
y antes de casarse con Henry de Jouvenel e
iniciar su carrera como periodista en el
diario Le Matin, Colette se ganó la vida
como actriz y bailarina. Además de autora
de un gran número de obras, entre las que
destacan las novelas Chéri (1920), La gata
(1933) y Gigi (1944), o las memorias centradas en la figura materna Sido (1929), fue una
prolífica escritora de cartas y de textos breves sobre los temas más variados. Fue miembro de la Real Academia de Bélgica y de la
prestigiosa Academia Goncourt, y en 1949
se convirtió en la primera mujer en presidirla.
, aire inmóvil y seco
en la oscuridad del
eve, abetos sobrecareslizabais, hora tras
ustados y sus juegos
nue y más brillante
agua… ¡Oh, invierha devuelto a mí! En
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de joven mujer cuya
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imero de año al puenvierno junto al fuenieve... Escenas domiliar y una sencillez
ación fría y la viveza
universo que mereáginas escritas sobre
2019
Colette
Regalos de invierno
19€ ISBN 978-84-947966-8-5
9 788494 796685
«Mañanas de invierno, luz roja en la noche, aire inmóvil y seco antes de amanecer, el jardín que se intuye en la oscuridad del alba, empequeñecido y
ocultado por la nieve, abetos sobrecargados que, por vuestros brazos negros,
deslizabais, hora tras hora, vuestra carga, aleteo de los pájaros asustados y sus
juegos inquietos entre un polvo cristalino más tenue y más brillante que la
neblina iridiscente de un chorro de agua… ¡Oh, inviernos de mi infancia, un
día de invierno os ha devuelto a mí! En este espejo ovalado sujetado por una
mano distraída, busco mi rostro de entonces, no mi rostro de mujer, de joven
mujer cuya juventud pronto la abandonará.»
Para Colette, como para Proust, la búsqueda del tiempo perdido no está impulsada por una predisposición a la melancolía estéril; es más bien una forma
de intensificar el instante presente reviviendo los recuerdos de un pasado en
el que las imágenes y las sensaciones han permanecido intactas: el pudding
blanco de Navidad, cuya salsa de mermelada de albaricoque diluida con ron
y coñac bastaba para embriagar a la pequeña Colette; la espera impaciente
del tambor municipal que en el alba rojiza despertaba a primera hora del
primero de año al pueblo todavía dormido; las largas tardes de invierno junto
al fuego y el jardín silencioso bajo el manto de nieve... Escenas domésticas en
las que reinan una armonía familiar y una sencillez de otro tiempo. La combinación de la estación fría y la viveza de la pluma de Colette evoca un pequeño
universo que merece ocupar un lugar entre las más bellas páginas escritas
sobre los recuerdos de infancia.
08/11/2019 17:11:22
Elba
12,5 × 20 cm
ISBN: 978-84-947966-8-5
Fecha de lanzamiento:
4 de diciembre de 2019
Páginas: 112
PV P: 19,00 €
Sidonie-Gabrielle Colette (Saint-Sauveur-en-Puisaye, 1873 – París, 1954), considerada una de las mejores escritoras del siglo pasado, sigue siendo una figura
extravagante y enigmática. A los veinte años se casó con Henry Gauthier-Villars, quien la animó a escribir sus recuerdos de infancia: de ahí surgió la serie
de novelas Claudine (1900-1907), que empezaron a aparecer bajo la firma de
su marido. Tras el divorcio y antes de casarse con Henry de Jouvenel e iniciar
su carrera como periodista en el diario Le Matin, Colette se ganó la vida como
actriz y bailarina. Además de autora de un gran número de obras, entre las que
destacan las novelas Chéri (1920), La gata (1933) y Gigi (1944), o las memorias
centradas en la figura materna Sido (1929), fue una prolífica escritora de cartas
y de textos breves sobre los temas más variados. Fue miembro de la Real Academia de Bélgica y de la prestigiosa Academia Goncourt, y en 1949 se convirtió
en la primera mujer en presidirla.
