REVISTA NUMERO 12 CANDÁS EN LA MEMORIA.pdf


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BAHÍA DE PERÁN

Son los últimos coletazos del verano y ellas
acuden al ritual cada mañana. Suelen merodear
por la escasa arena depositada en la margen
derecha de la desembocadura del Espasa en
busca de alimento, y de paso darse el remojón
higiénico donde río y mar unen sus aguas.
Son gaviotas y entre ellas predominan las
patiamarillas. Acostumbro a mirarlas siempre
que doy mi paseo matutino.

Una garza blanca se posa con suavidad en
la bahía entremezclándose con las gaviotas.
Lleva años arraigada en el lugar. Lo hace con
el desparpajo que le da la potestad del tiempo
transcurrido desde aquella primera vez en que
decidió quedarse. Busca también un desayuno
que la sacie y el aseado madrugador de su
plumaje.
Dicen los vecinos de Perlora que `pa´ cuando
esa regeneración ambiental prometida y tan
necesaria, tras más de diez años de ostracismo
por parte de la administración. Con sólo fijarse
un poquito en el lugar asumes la certeza de que
las carencias y la dejadez son desmesuradas y
las posibilidades de recuperación muchísimas si
hubiese una implicación sensata y responsable
tanto municipal como autonómica.
Miro de reojo los muretes de la bocana, testigos
de épocas mejores donde se sabían útiles, cuando
hasta allí acudían al abrigo de las invernadas
algunas de las lanchas del cercano puerto de
Narraba González Posada, allá a finales del siglo Candás. Ajenos a los arcaicos proyectos de
XVIII, que en esa margen derecha de la ensenada mejora nunca hechos realidad por circunstancias
existían las ruinas de uno de los monasterios más históricas, y también desconocedores de esas
antiguos de Asturias, el de la Santa Cruz, anterior falsas iniciativas de modernización, no tan
incluso al que dio nombre a la parroquia: el de
lejanas en el ayer, simples proclamas arribistas
San Salvador de Perlora.
de políticos ambiciosos en busca perpetua de
No quedan vestigios. Mencionaba la celebración voto y poder con lo que ello conlleva. Los miro
de una procesión que año a tras año, a primeros con nostalgia. Vislumbro oquedades en las
de mayo, tenía lugar con gran devoción popular. piedras provocadas por el deterioro que genera el
Hablaba de gente en hilera mortificándose con
transcurso del tiempo y por los embates marinos.
azotes y crucifixiones hasta que a mitad de aquel Me traen recuerdos, en su decadencia, de niñez,
siglo la iglesia prohibió tamaña barbaridad ¡Hay tarrafinos y cangrejos.
que ver lo que hacen las creencias ciegas! Quién
Qué pena de abandono.
sabe si tras ese veto procesionario, decretado
con sensatez por la brutalidad y el sadismo
que del desfile emanaba, fue tomando auge la
actual romería de Perlora celebrada en Julio
y recuperada décadas atrás, después de años
de ostracismo, por el buen hacer de un grupo
importante de vecinos. Eso sí, nada que ver
con aquellas flagelaciones inhumanas. Buenas
costillas, buena sidra, buena música y lo mejor
de todo buen ambiente. Siempre de agradecer ese
ímprobo, aunque quizá poco valorado, trabajo.
Escrito y Fotografias José Carlos Álvarez
Vaya desde aquí mi enhorabuena a la comisión.
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