DEL BURGO JI Arzallus o la reencarnación de Sabino Arana. Voz Populi, marzo 2019 (1).pdf


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vasco elegido democráticamente. Los estatutos del partido establecían la incompatibilidad
entre los cargos institucionales y la presidencia del EBB. La dimisión de Garaicoechea le
permitió a Arzallus convertirse en presidente del PNV, previa dimisión de su cargo de diputado
en Madrid. Desde entonces, durante casi un cuarto de siglo movió todos los hilos de la política
vasca. Se propuso enmendar su ligereza al proponer al nacionalista de Navarra como
presidente del EBB.

A pesar de su origen guipuzcoano, Arzallus tenía su feudo en Vizcaya. Son dignas de recordar
unas declaraciones de Arzallus en las que expresa su desprecio a la Real Sociedad, al que
define como el equipo de San Sebastián, por llamarse Real. Una vez conseguido el poder
omnímodo en el seno de su partido, Arzallus decidió dos cosas. La primera, no volver a
presentarse a ninguna elección para el desempeño de una función representativa en las
instituciones estatales o autonómicas y mucho menos para ser lendakari. A tal efecto le venía
como anillo al dedo la incompatibilidad establecida en los estatutos nacionalistas entre la
dirección política del partido y la función ejecutiva. La segunda, que en lo sucesivo, y tras
ajustar cuentas con Garaicoechea, los lendakaris serían personas de lealtad acrisolada al
partido, es decir, a su persona. Ardanza e Ibarreche fueron un claro ejemplo.

Arzallus fue un ferviente aranista. El pensamiento del “Libertador” está presente incluso cuando
finge apartarse de él. A la pregunta de si comparte el racismo que rezuman los escritos de
Sabino Arana, Arzallus no duda en negar al fundador hasta tres veces, si hace falta. Pero a
renglón seguido le encuentra una disculpa. En tiempos de Arana -Arzallus dixit- la idea de
la raza como fundamento de la nacionalidad era valor comúnmente aceptado en Europa. El
País Vasco se encontraba postrado por la pérdida de los Fueros y había que inyectarle un
nuevo espíritu de resistencia. Para ello nada mejor que exaltar sus características raciales y su
limpieza de sangre frente a la invasión maketa. En esas explicaciones andaba un día, cuando
Arzallus soltó una de sus frases más célebres: “Prefiero un negro que hable el euskera a un
blanco que lo ignore”. Arzallus -al igual que Arana- divide la sociedad vasca en dos bandos.
Para el fundador en Euzkadi viven dos clases de ciudadanos: los vascos de raza y los
maketos. Para el moderno conductor nacionalista la sociedad vasca se divide entre los que
saben euskera y lo que no lo saben. En ambos casos, se acentúa la diversidad étnica para
sacar de ella consecuencias políticas. Dicho con crudeza, a Arzallus le traicionó el
subconsciente. Para él, un blanco es mejor que un negro, salvo que éste sepa euskera, en
cuyo caso la negritud es mejor que la blancura de todos los vascos no euskaldunes.

Los ‘chicos de ETA’ o ‘los chicos de la gasolina’, o los ‘patriotas’ que
practican la lucha armada; estos y otros apelativos ‘cariñosos’ utilizaba
Arzalluz para referirse a los miembros de la banda
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