LA PUERTA VEDADA (CUENTOS).pdf


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Clara del Carmen Guillén

vasos leñosos, huraños al principio, aceptaron
pertenecer a un cuerpo rojo y tibio. De inmediato los
cambios sorprendentes: decidió ser más planta que
hombre y que nadie lo toque, le duele ese pellizco
grosero; le duelen las burlas de quienes afirman que
está loco. Alguien lo lastima y la savia asoma por sus
dedos en ramas que se elevan. Hombre que se avecina
y se cura el dolor de planta con fomentos de alcohol
y una pastilla. Se marchita, pero el agua erige en él su
estancia jugosa y preferida. Se torna lozana la planta
que es y no comprendemos si su locura es real o se
la inventa para seguirle el juego a las miradas. –¡ya
le brotó una flor entre sus manos! ¡Ya tiene ramas y
semillas!– se acercan, lo tocan, se enamora: quiero
que te trasplantes para amarte, te ofrezco mi cuerpo,
no lo pienses tanto.
La chica une su cuerpo tibio al de Miguel, se enlazan
amorosos; ella besa sus brazos-ramas; él fertiliza a
la bella. En la plenitud del acto carnal recupera su
conciencia de hombre, olvida su condición humanovegetal, se casa y forma una familia numerosa, hasta
que un día, en ese constante ir y venir de la vida,
ya entrado en años, al salir al bosque, siente que su
cuerpo se renueva con la lluvia, y decide injertar sus
brotes en una planta que lo hace recobrar su feliz
condición fotosintética.

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