LA PUERTA VEDADA (CUENTOS).pdf

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La puerta vedada
Ambos se amparan en los sueños: él casi cree vivir
junto a ella; ella muere por él; se aproximan con sus
recuerdos; los imagino tomándose de la mano, como
ambos me han platicado: Junto a él en el bosque,
junto a ella en la escuela, viendo el río desde lo alto,
en los corredores de la preparatoria, en su banca del
parque central. Y al padre de ella, con autoridad mal
entendida, que los separó para siempre.
Nieva. La tarde tiene tan próxima a la noche que es
difícil distinguir los rostros de los demás entre la
densa neblina. Bajan los pasajeros, abordan el autobús
que los espera; rostros desconocidos, miradas que se
encuentran, mientras se acomodan en los asientos. El
abuelo me interroga: –Disculpe no sé dónde estoy,
busco a mi nieto –Abuelo, yo soy tu nieto. –¡Ah!–
Cierra los ojos y se va perdiendo en el tiempo, en su
soledad. Llevarlo al asilo me duele, pero estoy seguro
que ahí será feliz, a su lado.
Llegamos. En el asilo ella nos espera. –Hola abuela,
te traigo este viejo conocido tuyo; hemos hablado
de ti todo el camino–. Frente a frente ella y él, se
desconocen; y su gran amor, aquel que no pudo
romper barreras, el reconstruido por la enfermedad,
se muere lentamente, mientras ambos, poco a poco,
se olvidarán de sí mismos.
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