Catálogo Exposición de Francisco Mateos GalerÃa Orfila.pdf

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entidad sufragada por el partido comunista, y que fue posiblemente una
contrarreplica a L’Art Libre, de dos años antes: una exposición multitudinaria,
en el Palacio de Bellas Artes, organizada por el Congreso por la Libertad de la
Cultura en París (tapadera de la propaganda de la CIA en el contexto de la
Guerra Fría), a la que concurren numerosos y conocidos artistas españoles,
entre ellos Mateos, pero pocos de los que residían en París, y casi ninguno de
los triunfadores de aquella Escuela, que miraban, en general, con cierto recelo
a los que venían de España, tanto por ser potenciales competidores, como,
más aún, debido a suspicacias políticas. No obstante, como vemos, Mateos
habría superado esta inicial desconfianza, ampliando sus contactos con artistas
e intelectuales antifranquistas allí establecidos, participando, por ejemplo, años
después, en otra concurrida exposición, también en Maison de la Pensée, que
con el título de Peintres Contemporains d’Espagne, reunió, en 1961, a lo mas
granado de la modernidad artística española en ese momento, tanto del interior
como del exterior, artistas políticamente comprometidos y otros más neutros,
en esta ocasión en una maniobra para contrarrestar la campaña de limpieza de
imagen en el exterior que venía haciendo el régimen desde hacía algún tiempo,
sirviéndose del arte de vanguardia.
Otro importante contacto de Mateos, en Madrid, durante estos años, es el que
establece con Antonio Gaya Nuño, que presenta su exposición en el Museo
de Arte Contemporáneo, en 1954, pero al que ya habría conocido previamente,
en la época que dirigía Galerías Layetanas, circunstancia que hizo que, este
escritor e historiador del arte, ampliara desde entonces su radio de acción al
campo de la crítica (también en Barcelona, dirige la importante colección El
Caballete Vivo, en la que publicó Adriano del Valle la monografía de Mateos),
tras ser rechazado en la cátedra a la que aspiraba, en la Universidad, a causa
de su pasado político republicano. Gaya Nuño llega a lograr una independencia
económica gracias a ser un escritor infatigable, lo que le permite permanecer
lejos de cualquier componenda o pleitesía con el régimen, haciendo gala de
una osada rebeldía para aquellos momentos, tanto en lo político (no disimuló
nunca sus simpatías por el comunismo), como en sus criterios estéticos, siendo
un avanzado defensor del arte abstracto y de las nuevas corrientes, en general,
además de rescatar la memoria de artistas de la época republicana: Alberto o
Gabriel García Maroto. Su solidaridad con los represaliados y perseguidos
políticos (para Laín Entralgo es una figura clave para entender los exilios
interiores durante el franquismo), sumado a todo lo anterior, explica la amistad
y fructífera relación con Mateos, del que fue siempre su principal adalid. Ya en
su libro La pintura española del medio siglo, de 1952, había conectado el muy
especial trasfondo social de Goya -aun precisamente bien lejos del casticismo
nacionalista con que la política oficial lo edulcoró, aprovechando la celebración
del segundo centenario de su nacimiento -, con los personajes de la tragedia
de la vida; agnósticos y movidos por fuerzas ciegas, protagonistas en la pintura
de Mateos, que todavía más, como goloso del color, había bebido de la gama
rica de los frescos de San Antonio de la Florida, para concluir, tras recordar su
conocimiento de las corrientes centroeuropeas, ratificando su clara filiación
expresionista. Una afirmación que se vuelve aún más rotunda cuando escribe,
en La pintura española en el siglo XX, de 1970, que Mateos es nada menos
que el creador del expresionismo español.
