Catálogo Exposición de Francisco Mateos Galería Orfila.pdf


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Tiempo de silencio: años de cárcel y rehabilitación.
Detenido en Valencia al final de la Guerra Civil, pasa por los campos de
concentración de Portaceli (Valencia) y Miranda de Ebro, de donde es liberado
en 1940 en uno de los indultos que se decretaron debido al creciente colapso y
conflictividad penitenciarios. Es procesado en 1941 y encarcelado de nuevo, en
las prisiones de Yeserías y Celular de Valencia, hasta su libertad provisional en
1944, tras ser condenado a veinte años y un día por colaborar con la Embajada
de Gran Bretaña en campañas de propaganda contra los regimenes totalitarios.
En realidad, al parecer es contratado por el espía Tom Burns, que trabajaba en
el Instituto Británico, con el fin de contactar y recabar información cerca de los
círculos de oposición a la Dictadura, especialmente en los medios intelectuales.
A Mateos se le acusa de escribir e ilustrar una novela, En la encrucijada, que
se publicaría en el extranjero y que difamaba la política del régimen justamente
con ese fin, lo que puede tener un punto de verdad a tenor de una serie de
acuarelas, en torno a aquellos años, en las que describía con triste saña la vida
cotidiana de la posguerra: la hipocresía puritana de los allegados al régimen
mientras se extendía por doquier la prostitución por las condiciones de miseria
de la mayor de la población, en especial entre las familias de los represaliados;
tal una de ellas, en que representa -dentro de un estilo realista, prácticamente
una cita de una obra de su admirado Daumier - a una mujer cargada de niños
con un cesto, posiblemente viniendo de visitar a un familiar preso.
El año de su salida de la cárcel publica varios artículos en Cartel de Las Artes,
revista de vida breve que, dirigida por Enrique Azcoaga, apostaba por las
tendencias renovadoras y un cierto aperturismo, allí hasta donde era permitido;
la misma línea siguen los textos de Mateos que, con el seudónimo de “Martín
Mago”, buscaban abrir un espacio de respeto o si quiera, al menos, de
conocimiento de lo que habían sido las recientes vanguardias. Sobreseída
finalmente su causa, en 1947 (aunque no se haría efectiva hasta comienzos del
año siguiente), ya pudo llevar, en adelante, una vida civil hasta cierto punto
normalizada, exponiendo, ese año, por primera vez tras la guerra, en la galería
Biosca, escaparate entonces de la tímida renovación artística en Madrid, bien
que en todo caso oficialmente amparada (D’Ors y sus Salones de los Once) o
consolidada (no volvería a hacerlo de hecho, al menos individualmente, y como
“telonero”, hasta 1956), y en la que Azcoaga le presenta en el catálogo. Es el
momento en que Mateos inicia su proceso de rehabilitación, para la cual son de
fundamental ayuda algunos de sus antiguos contactos, ahora cercanos al
régimen, como su amigo del tiempo del Ultraísmo en Sevilla, Adriano del Valle
-“gran amigo de sus amigos”, según alguien le definió -, que escribe el texto del
catálogo de su exposición, en 1948, en el Museo Nacional de Arte Moderno,
dirigido, a la sazón, por el también falangista y crítico de arte sevillano, Eduardo
Llosent. Adriano del Valle es el autor de la primera monografía sobre Mateos (5)
y es quien le facilita la publicación, en 1949, de aquellos mismos artículos de
Cartel de Las Artes -ahora ya con su propio nombre -, ampliados e incluso más
osados en los diálogos de sus dos personajes, defensor uno y enemigo el otro
del progreso en las artes, en la muy culta e intelectual revista Escorial, de la
llamada “falange liberal”. Pero la novedad en estos remozados artículos es su
encendida defensa del expresionismo, en la que se decanta especialmente por
Rouault, pues a las alturas del retorno a su actividad expositiva, su pintura ha