La Vida Mistica de Jesus cerca de 1934 pdf.pdf


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LA VIDA MfSTICA DE JESUS

quienes le rogaron que permaneciese con ellos lar­
go tiem po; pero Su itin erario estaba definitivamente trazado, y al cabo de pocos meses embarcd
con rumbo a A lejandria.
En esta ciudad solo estuvo el tiempo suficiente
p ara conversar con los especiales m ensajeros que
habian ido a saludarle, y visito alguno de los anti­
guos santuarios. De alii paso a Heliopolis y se
aposento en una casa particular, especialmente dispuesta para El, con varios criados, un hermoso
ja rd in y un escriba cuyas funciones eran analogas
a las del que hoy llamamos secretario particular.
Poco despues de su llegada a Heliopolis, visitaro n a Jesus los representantes del sacerdocio
pagano de Egipto, que se habian enterado con disgusto y desaprobacion de Sus ensenanzas y manifestaciones de mistico poder. De nuevo sufrio las
am arguras de la vida en varias pruebas y tribulaciones que hubiesen movido a un hombre vulgar
a ceder a las insinuaciones del sacerdocio y recur r ir al engano y la hipocresia con respecto a Sus
propositos e intenciones.
E n este punto de Su vida comenzo Jesus a prepararse p ara obtener los grados superiores de la
G ran F raternidad Blanca, segun veremos en el
siguiente capitulo con todos los pormenores dignos
de presentation.

Capitulo XI
EL

MAESTRO

P ara comprender el adelanto de Jesus en los
varios grados del sacerdocio que conducian al magisterio, es necesario explicar el regimen de la
Gran F raternidad Blanca en la que estuvo iniciado.
La Gran F raternidad Blanca, tan a menudo
aludida en los precedentes capitulos, era una orga­
nization insectaria form ada de un modo prim itivo
por los ascendientes de Amenhotep IV, rey de
Egipto, mejor conocido en la bibliografia filosofica
con el nombre de A khnaton.
No tenemos seguridad respecto de quien de
tales ascendientes fue el prim ero en proclam ar la
fundacion de la F ratern id ad ; pero sabemos que
Thothmes III establecio algunas de las im portantes reglas y estatutos p ara el regimen de la F ra ­
ternidad, y que estuvieron muchos siglos vigentes.
En una de las cronicas rosacruces hallamos
que al fin del reinado de Thothmes III en 1447
a. de J. C. estaba el Supremo Consejo de la F ra ­
ternidad constituido por trein ta y nueve miembros, entre hombres y m ujeres. Se reunia el Con­
sejo en una de las salas del templo de K arnak en
Luxor, donde Thothmes III habia mandado erigir