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294 Las diferencias físicas o en la mentalidad no deben (si no son peligrosas)
hacer ninguna diferencia al momento de emplear trabajadores.
295 Debe haber una edad máxima para trabajar aceptada por el estado, quienes
la alcancen serán retribuidos por el gobierno permitiéndoles vivir sin trabajar
sus años restantes de vida.
Parte sexagésima. Dios y los derechos humanos y animales.
296 Todo derecho proviene de Dios incluyendo aquellos llamados “derechos
humanos” y “de los animales”.
297 El señor es quien dicta al hombre sus derechos haciéndolo reconocer su
valía como persona, la igualdad entre los hombres y la necesidad de proclamar
sus derechos.
298 Todo vermista debe defender tanto los derechos humanos como los
animales.
299 Se aceptan los derechos humanos acordados en Paris por la organización de
las naciones unidas (ONU).
300 Los derechos de los animales pueden variar según el país donde se resida,
se aceptan en el vermismo: derecho a no ser torturado, derecho a no ser
explotado, derecho a la salud, derecho a vivir en un habitad protegido del
hombre, derecho a no ser cazado por deporte, derecho a ser tratado dignamente
según el grado de raciocinio de la criatura.
Parte sexagésima primera. Conflictos y guerras.
301 Son la guerra y los conflictos armados cuestiones de alta importancia para
el estado, lo ideal es evitarlas. Dios se opone en principio a los conflictos de
estas naturalezas.
302 Todo vermista es libre de unirse a las tropas del ejército de la nación a la
que pertenezca así como no hacerlo.
303 Los conflictos armados, catalogados como guerras o no, deben resolverse a
favor del vermismo a menos que los puntos que crearon el conflicto estén
basados en razones valederas y verdaderas.
304 Toda posición basada en fe de parte de las religiones paganas ignorantes es
carente de contenido por lo que los conflictos que emergiesen de esas ideologías
deben contrarrestarse y suprimirse.
305 Toda persona que fuese adherente a una ideología que incluyese el cometer
actos de violencia, guerras o conflictos armados es cómplice de las mismas a no
ser que se oponga a las mismas reconociendo la faceta violenta en su ideología
permitiendo a otros criticarla y combatiéndola ellos mismos también.
Parte sexagésima segunda. Apostatar.