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Parte trigésimo octava. Dios y el estado.
186 El estado debe ser secular con una muralla entre religión y estado.
187 Las leyes deben hacerse sin inclinaciones religiosas.
188 El estado no debe financiar económicamente a las organizaciones religiosas.
189 El territorio público no debe usarse para adoración religiosa ni
levantamiento de imágenes religiosas o de veneración religiosa así como no
debe usarse para actividades religiosas.
190 Ninguna religión puede ni debe tener personería pública, todas y cada una
es privada. Toda religión que fuese pública pierde automáticamente ese estatus
a los ojos del vermista y los aprendices desde el momento en que aceptan a Dios
como su señor.
Parte trigésimo novena. Dios y su templo.
191 El cuerpo es el templo de Dios de modo que en todo lugar donde se este,
ahí está el templo.
192 Ningún otro templo es un “autentico” templo de Dios, todo otro templo que
diga ser la casa de Dios miente. Debido a esto no hay templos fijos en el
vermismo.
193 De ser una necesidad para el reconocimiento como religión por los sistemas
legales del país donde uno reside está permitido erigir un templo pequeño de
madera o piedra como templo.
194 En este templo solo debe haber espacio para una persona recostada con sus
brazos y piernas abiertas. Este a su vez solo debe contener una copia del Libro
de Guz.
195 El templo de Dios no debe tener decorados costosos, detalles lujosos ni
objetos ostentosos que pudiesen ser robados o que requieran mantenimiento.
Parte cuadragésima. Alimentos.
196 Todo alimento que no causase la muerte o reacciones adversas de quien los
consumiese está permitido en el vermismo. Esto mismo es aplicable a las
bebidas.
197 La decisión de adherirse a una dieta en particular que pueda mantener la
vida de la persona es personal y debe respetarse por los miembros de la
comunidad.
198 Cualquier animal que fuese ejecutado para el consumo debe morir de forma
rápida e indolora sin excepciones.
199 Queda prohibido el consumo de carne humana y de sangre humana a
menos que sea una situación de supervivencia, a saber una situación de vida o
muerte.