InformeTierraYMujer Redes.pdf

Vista previa de texto
Cuadro 4. La lucha por la tierra: desde el refugio al retorno
La historia de muchas mujeres y hombres guatemaltecos es una historia de éxodo
y despojo de tierras. La falta de un medio de subsistencia primero empujó a muchas
familias a desplazarse desde las montañas hacia las tierras del Petén, donde se asentaron como colonos. Pero cuando estalló el conflicto armado y el ejército comenzó
a arrasar comunidades enteras muchos decidieron atravesar el río Usumacinta para
refugiarse en el vecino Chiapas.
En distintos lugares de México permanecieron más de una década, pero desde el exilio
algunas mujeres comenzaron a organizarse para demandar una tierra a la que regresar
en Guatemala.Tras años de lucha se organizaron las primeras comisiones que viajarían
a escoger las fincas. “Como no podíamos viajar todos, traían la tierra en bolsitas para
enseñarla a los compañeros”, recuerda una de ellas. Fueron necesarias marchas para
presionar al Gobierno de Guatemala.Y finalmente se negoció la compra.
En una de esas fincas en la Costa Sur se creó la comunidad de Guadalupe, más
conocida como La Lupita. Cada una de las doscientas familias recibió dos parcelas
donde cultivar y un pequeño lote donde construir la casa. El primer año fue el más
difícil, pues tenían que dormir al raso hasta que recibieron las primeras láminas
para los techos. “Ahorita al menos cada quien tenemos un pedacito de tierra donde
vivir”, recuerdan. El nombre de las mujeres se anotó junto al de los hombres en
los títulos, “pero con mucha lucha”, también eso hubo que negociarlo. Las mujeres
solas y sin hijos no tenían derecho a tierra, sólo las viudas o las madres solteras.
Durante cinco años cada familia pagó mil quetzales (unos US$130) hasta saldar
la deuda por la tierra. Hoy en las parcelas se siembra maíz, pues el frijol no se da,
pero este año apenas ha crecido por la falta de lluvias. La Lupita está rodeada da
monocultivos que perforan pozos cada vez más profundos para regar sus plantaciones. “Allí están la piñera, las palmeras, las cañeras. Están llevando para allá el
agua y el pozo de mi casa ya se ha secado. Yo antes sembraba mis hortalizas pero
ya no puedo sembrar porque no hay agua”, se lamentan. También se quejan de los
productos químicos que son fumigados desde las avionetas.
Pero las dificultades para producir y los bajos precios de venta hacen que muchos
hayan renunciado a cultivar las tierras por las que tanto lucharon. Irónicamente, las
plantaciones cercanas son la única posibilidad de lograr un ingreso, aunque sea precario.
Fuente: Basado en entrevistas a mujeres campesinas e indígenas de la comunidad de
La Lupita, en el municipio de Santo Domingo.
En la Política Agraria recientemente aprobada se contempla como una de las principales medidas de inclusión la adjudicación gratuita de tierras a organizaciones de mujeres,
comunidades y población en especial situación de vulnerabilidad.21 Sin embargo, a criterio
de Fontierras mientras no se reforme la ley de creación del Fondo no será posible aplicar
esta medida.22
En cuanto a las barreras institucionales, existe una resistencia al cambio y un desconocimiento en cuanto a los derechos de las mujeres en las instituciones que se ocupan de
21 Acuerdo Gubernativo 372-2014, Secretaría de Asuntos Agrarios de la Presidencia de la República, Octubre
2014.
22 Entrevista a Justa de Money, Coordinación de Políticas y Estrategias del Fondo de Tierras, 10 de agosto de
2015.
Tierra para nosotras
38
