Los signos del zodíaco Louise Huber.pdf


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Virgo

emocional infantil que quiere protección y cuidados. Por
eso Virgo tiende siempre a apoyarse en individuos más
fuertes o en autoridades. Prefiere seguir las indicaciones y las órdenes de los demás. Cuando se desanima
por el exceso de tareas a realizar, necesita a alguien que
le infunda nuevamente coraje y confianza. El desaliento
y la infravaloración son dos aspectos frecuentes entre
los nacidos en Virgo; por eso, a menudo hay que elogiar
su trabajo.

Las tres causas del desaliento
En este punto es importante enumerar las tres causas
esenciales del desaliento porque no sólo pueden afectar Virgo sino que también pueden afectarnos a todos
nosotros.
Con frecuencia, la primera causa es un debilitamiento
de la fuerza vital: un sobreesfuerzo físico debido a un
exceso de obligaciones y tareas. Si éste es el caso, lo que
se requiere es descanso y relajación. Es una cuestión de
sentido común. También es de gran ayuda reconocer
que el trabajo de cada individuo debe estar adaptado
a su capacidad de rendimiento y no a la apremiante
necesidad.
La segunda causa es de naturaleza más emocional. Es
el temor al fracaso. Este temor se basa en el miedo a ser
criticado porque se conocen las propias limitaciones e
insuficiencias. Desde el punto de vista psicológico, este

miedo se fundamenta en el hecho de que el individuo se
toma el trabajo demasiado en serio y, por algún motivo,
llega al convencimiento de que el progreso del mundo
depende sólo de su propio esfuerzo. Para conseguir el
equilibrio debe cultivarse el humor. No hay que darse
tanta importancia personal y, en determinadas circunstancias, incluso hay que conseguir reírse de uno mismo
y de los propios puntos débiles y limitaciones. Éste es
un primer paso hacia la liberación de una actitud demasiado forzada del yo.
La tercera causa reside en la estructura mental, es decir,
en el pensamiento. Se debe a la capacidad de ver los
distintos aspectos de una misma cosa. El individuo sabe
con antelación cómo podrían desarrollarse las cosas y,
antes que exponerse a cualquier peligro o a hacer el
ridículo, prefiere no hacer nada. Le falta valor. La persona llega a la conclusión de que toda acción es inútil
y, de esta forma, se pierden tanto las posibilidades de
desarrollarse uno mismo como las oportunidades de liberar a otros de situaciones de necesidad. En este caso,
debe cultivarse el sentido de las correctas proporciones.
El remedio consiste en darse cuenta de que, aunque
con la acción no se obtenga el mayor éxito posible, es
mejor hacer algo que permanecer inactivo. Se trata de
aprender a hallar satisfacción en los pequeños éxitos,
sabiendo que el tiempo, la evolución y, en última instancia, la eternidad acabarán al final consiguiendo todas las
cosas, y teniendo presente que la creación no se hizo

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