Los signos del zodÃaco Louise Huber.pdf

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la suma de las partes que el intelecto analítico tiende a
separar. Por eso, el enfoque adecuado para la correcta
comprensión de las relaciones astrológicas y espirituales
es el que se basa en la percepción sensorial y sensitiva,
y en la inmersión en la realidad vital.
La Tierra: un gran cuerpo vivo
En esta misma línea, podemos imaginar la Tierra como
un gran cuerpo en el que la humanidad, dividida en células y grupos de células, se mueve y tiene su existencia.
Todos los organismos vivos tienen una estructura similar. Así como nuestro cuerpo consta de muchas células,
nosotros también somos células del cuerpo del Logos
Planetario que, a su vez, es una célula de un ser mayor,
el Logos Solar, y así sucesivamente. Dane Rudhyar lo
describe de una forma impresionante en su libro Astrología de la personalidad y Johannes Kepler también en
su libro Harmonices mundi.
Todos los sistemas son interdependientes. Nuestro organismo humano depende del organismo planetario, éste
depende del sistema solar que, a su vez, forma parte de
sistemas mayores hasta llegar al centro galáctico, cuyo
cuerpo u organismo es toda una nebulosa espiral.
Es interesante hacer el ejercicio de imaginar las magnitudes involucradas porque nos permite hacernos una idea
de las regularidades cósmicas que después podemos
trasladar a nuestras propias vidas. El gran astrónomo
Kepler consideraba que la Tierra no era sólo un cuerpo
celeste exclusivamente material sino un gran organismo.
En su libro Harmonices mundi escribió:
«Tanto en la estructuración del pensamiento y
del espíritu como en sus manifestaciones materiales, la creación es una sinfonía maravillosa.
Todo está unido por relaciones mutuas indisolubles que forman un todo único.Todo lo que existe
está vivo y animado porque está unido e interconectado. No existe ninguna estrella que no sea
un ser vivo y que no tenga alma. Las almas de las
estrellas son la causa de su movimiento y de la
atracción que las mantiene unidas. Esto explica
la regularidad de los fenómenos naturales».
El «aura de la Tierra» y los orígenes de la astrología
Este gran campo de relaciones entre todos los seres
vivos de la Tierra puede imaginarse como un «aura»,
es decir, como un gran campo de irradiación de todo el
género humano y, en un contexto más amplio, como el
campo de relación entre el cosmos y la Tierra.
La idea del zodíaco como aura de la Tierra ya existía
en la Edad Media. No hay que imaginárselo como algo
físico: es una expresión que requiere una interpretación
esotérica o mística. Desde esta óptica, el zodíaco o aura
de la Tierra es una esfera de energías en movimiento a
través de la cual la humanidad está en contacto (inmaterial) con el cosmos. Para poder comprenderlo debemos dejar a un lado el intelecto objetivo e identificarnos
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