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El vigésimo octavo andar o el andar del errado.
1. Andando por el mundo a una antigua tribu del desierto
conocieron y estos quisieron convertirlos a su religión.
Adriano estaba cansado y pidió a Saray que se encargue
de estos hombres.
2. Saray preguntó: “¿Donde están sus dioses?”. Le
respondió el vocero de la tribu: “Dios único, no hay otro
más que el nuestro y en todos lados esta”.
3. Saray miro a los alrededores y dijo: “No lo veo por
ningún lado”. El vocero respondió: “No se lo puede ver”.
4. Saray se movió tratando de sujetar lo que parecía ser el
viento y dijo: “No lo toco por ningún lado”. El vocero dijo:
“No se lo puede tocar”.
5. Saray se movió viendo el suelo y también uso su mano
para agudizar el oído y dijo: “No veo sus huellas ni lo oigo
por ningún lado”. El vocero respondió: “No deja huellas ni
habla con voz que el oído escuche”.
6. Saray saco un poco de pan y un poco de agua y lo
ofreció como alimento al supuesto dios y dijo: “Parece
que no come ni bebe”. El vocero dijo: “No tiene las
necesidades del hombre”.
7. Saray dijo al vocero: “Si tu dios no se ve ni se siente, no
se oye ni deja huellas, ¿Como sabes tu que ahí esta?”. El
vocero dijo: “Toda la creación atestigua que ahí esta y es
