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7. Siguió Adriano: “Su oración no debe ser respondida por
hombre alguno o mujer alguna; si ocurre lo que usted
pida deberá mostrar que no ha sido casualidad pues el
mundo es grande y las coincidencias abundan, la mente
débil vera las coincidencias como respuestas divinas”.
8. Concluyó diciendo: “Finalmente no debe pedir por
pequeñeces que de por si podrían ocurrir, no pedirá cosas
tales como encontrar una moneda perdida”.
9. El sanador se indigno ante las condiciones que le
fueron impuestas pero intento de todas formas orar. Pidió
por la salud de su pueblo pues plaga había y la vida de sus
guerreros heridos pero nada más pudo pensar.
10. Pocos murieron en el pueblo y algunos de sus
guerreros vivieron y el sanador dijo: “Esto es obra de mis
dioses”. Saray le replicó: “De toda plaga se espera que
algunos vivan y otros mueran, de toda guerra donde los
guerreros son heridos también; nada ha demostrado”.
11. Adriano le dio la razón a Saray y agregó: “Si la oración
sirviese de algo no tendrían pestes ni hambre, sus
muertos serian menos que en otros pueblos; pero miren
como nada extraño hay entre ustedes que les permita
decir que sus dioses responden”.
12. El sanador le replicó: “La voluntad de nuestros dioses
se cumple perfecta e impoluta, tal vez no era su designio
divino que los que han muerto vivan”. Saray escucho esto
y se rio del sanador y dijo entre risas: “Si ese es el caso la