El tomate mecánico..pdf

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Cuando tomate 0065 paro de saltar, observo a su alrededor y entro en un trance
profundo, sentía que ya había estado en ese lugar, que los sonidos de las
maquinas hidráulicas, los martillos contra el cemento, el estruendo de las
retroexcavadoras, el olor a hollín quemado, a sudor de trabajadores, a polvo de
ladrillo; todo ello ya había sido procesado en el pasado a través de sus sentidos.
Tomate 0065 intento dilucidar el momento y pudo concluir que en la dimensión
que conocía en el supermercado nunca vio a las bolsas de avena, los yogures o
las botellas de gaseosa intentar construir algo y por el contrario sus vecinos
tomates en vez de construir, intentaban destruir lo que fuese necesario para sumar
puntos y subir de posición para estar más cerca al pasillo.
De repente un ojo empezó a abrirse y cerrarse como si fuera un tic nervioso, su
cuerpo a temblar, en su mente alumbro un remoto recuerdo que había sucedido
hace unas semanas atrás, pero debido a que en la dimensión conocida la
memoria está a cargo de las imágenes y resultados que se visibilizan por TCN en
el televisor, ningún tomate tiene capacidad de recordar algo del día anterior, pero
tomate 0065 había sido dotado por el ángel de verde metalizado con largos
cabellos, de ojos y conciencia.
Un día cuando tomate 0065 -semanas atrás- había visto por TCN que su nueva
posición lo alejaba aún más del pasillo, decidió hacer el más escabroso acto de
maldad para poder sumar puntos, e invito a almorzar a un joven tomate recién
llegado al estante y de entre los alimentos trituro vidrio molido y pedazos de chicle
para que le causara una alergia tal, que pudiera manipularlo a su antojo. Luego del
almuerzo el joven tomate cayó al suelo revolcándose y cuando un pequeño niño
pasaba jugando con una retroexcavadora de juguete, tomate 0065 lo lanzo y fue
destripado por las llantas de plástico lentamente.
En ese momento volvió a sentir aquello cuando tuvo ojos y conciencia: hacia parte
de un montón de frutas rojas gordas y redondas que saltaban de aquí para allá
actuando con maldad. Y en voz alta gritó:
-¡Que grandes son los humanos! Seres constructores, que manipulan la materia y
logran la transmutación.
-¡Que grandes son los humanos! Seres constructores, que dominan el mundo y
nos enseñan a las especies inferiores el camino a seguir.
Y de inmediato como una luz brillante en su conciencia recordó las palabras del
ángel de verde metalizado con largos cabellos y las repitió en voz alta:
-Te he dotado de ojos para que puedas vislumbrar lo que eres: una simple fruta.
