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Navega mar adentro...
Boletín de la parroquia y santuario LA SANTÍSIMA CRUZ DE LOS MILAGROS
Arquidiócesis de Corrientes - República Argentina - Octubre de 2016 - Nº 71

He venido para servir
Para que tengan vida en abundancia

La primavera...
Hace pocos días hemos comenzado a vivir la primavera, estación
que sugiere la reflexión del renacer.
Una de las características de la
primavera es el reverdecer de la mayoría de las plantas, cuestión que se
convierte en símbolo de un renacer y
reverdecer interior, espiritual.
Como cristianos podemos buscar un renacer en nuestro amor
a Cristo. ¡Nos hace bien tener en
cuenta a quién miramos, escuchamos y seguimos! ¡A Cristo, a aquél
que entregó su vida por amor; al que
pasó haciendo el bien, y curando
toda enfermedad! La enfermedad,
aquella que envejece el alma -y la
vida toda- es el pecado, el apartarse
del camino que Jesús caminó primero antes que nosotros.
La primavera del alma y del
corazón empieza cuando, por la
conversión y el arrepentimiento, recibimos la misericordia de Dios; y la
volcamos en una vida más servicial,
fraterna, y misericordiosa.

MIRANDO AL SERVIDOR
A mediado de setiembre se celebró
el Encuentro Nacional de Servidores de
Santuarios. Nos representaron cuatro
miembros de la comunidad, a quienes
agradecemos la aceptación pronta y
generosa ante la invitación.
El Encuentro tiene su importancia ya
que lo que se resalta es el servicio que
debemos prestar como miembros de la
comunidad. En efecto, nuestro templo
es un santuario, por lo que los miembros
de esta comunidad somos servidores
del santuario.
Los que fueron al Encuentro se
enriquecieron a sí mismo en el espíritu
que está llamado a vivir un servidor de
Cristo. Pero esa riqueza se vuelca en la
comunidad: todos necesitamos madurar en el espíritu de servicio.
De quien tenemos que aprender es
de Jesús. Él nos dice: “No he venido a
ser servido sino a servir”; “He venido
para que tengan vida en abundancia”.
Juntos debemos mirar al Servidor, Cristo
Jesús. Él es el Maestro que nos enseña
cómo servir, que el otro es un hermano,
que debemos tratar bien a los demás;
que nos somos dueños de la Iglesia, ni
de los servicios, etc.
¿Soy consciente de que por pertenecer a esta comunidad soy servidor?
Y por otra parte, si ya estoy en un servicio, ¿lo vivo con amor, mansedumbre,
prudencia?
Una de las cosas en las que debemos crecer es en la unidad entre los
miembros de la comunidad; dejando de
lado la crítica del otro, la mentira, las medias verdades (que a veces son peores
que las mentiras). “Sean uno, para que
el mundo crea”, dice Jesús. La unidad,
amor y respeto son importantes.

NOS AYUDAMOS A CRECER
El Año de la Misericordia nos ayudó
a poner en el tapete que el servicio
debe ser misericordioso. Un servicio
puramente legalista no produce vida. Y
Jesús dice “he venido para que tengan
vida”. ¿Qué genero yo con mi servicio? La respuesta a esta pregunta
nos da una idea por dónde andamos
caminando.
Entre los servidores lo lindo es cuidarnos, ayudarnos, corregirnos suave
y serenamente. Ladrarnos, gritarnos,
sacarnos el cuero, ¡¡no conduce a nada
bueno!! La paciencia y la mansedumbre
debería caracterizarnos. Pero para eso
tenemos que ayudarnos, sobre todo con
la oración, y con la corrección fraterna.
No hay nada más hermoso que servir... pero servir con ternura y suavidad...
poniendo como primero al otro. Lindo
sería que los peregrinos encuentren
el afecto de los servidores. Y ¡qué feo
cuando un servidor habla mal de otro
servidor ante extraños! No tenemos
el derecho de amargar a otros. ¡Qué
bueno hacer un esfuerzo por desterrar
el pecado del chisme, de la maledicencia
y disfrutar de lo que dice el Salmo: ¡Qué
hermoso ver a los hermanos unidos!!
Jesús bendiga nuestro servicio y nos
dé un corazón semejante al suyo.

Misericordiosos como el Padre
“Misericordiosos como el Padre” es el lema del Año Santo de la Misericordia que se
extenderá en el tiempo desde el 8 de diciembre de 2015 (Inmaculada Concepción)
al 20 de noviembre de 2016 (Solemnidad de Jesucristo, Rey del universo).