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Sexto sentido
Veo gente muerta…
En neurociencias la “propiocepción” es a menudo conocida como el sexto sentido. Es la responsable de registrar la posición, el
movimiento y la postura del cuerpo en el espacio, devolviéndole información al cerebro. Sin embargo, muchas veces no somos conscientes
de ese registro. Por ejemplo, mantener y ajustar el
equilibrio es un fenómeno no consciente. El sistema somatosensorial con sus
propioceptores es el responsable de medir cómo el largo, la tensión y la presión se relacionan con la posición del cuerpo. Esto sucede en
nuestros ligamentos, tendones, músculos, articulaciones y piel. Los propioceptores mandan la información al cerebro, y éste puede tomar
decisiones, como cambiar la posición o dejar de moverse, e indicárselas a los músculos. Al estar bajo la influencia del alcohol u otras
drogas, este sistema se encuentra alterado o defectuoso. Por eso, cuando la policía nos hace parar en un pie, no podemos mantener el
equilibrio, tocarnos la nariz con el dedo índice o caminar derecho por una línea recta.
Dejame olerte las axilas
Otros científicos llaman sexto sentido al poder de un órgano (vomeronasal o VNO) dentro de la nariz para detectar ciertas señales
químicas enviadas por otros individuos. Estas señales son hormonas conocidas como feromonas. Si bien tanto estas moléculas como el
VNO han sido estudiados en muchos animales, desde insectos y ratones hasta monos, todavía existen controversias sobre los vestigios de
este órgano en los seres humanos. Las feromonas disparan una gran variedad de cambios hormonales y comportamientos instintivos como
querer reproducirse o ser agresivos. Esto ha motivado a ciertos emprendedores para lanzar fragancias que promueven la atracción sexual,
ya que dicen contener feromonas con nombres marketineros como Realm, Desire 22 y Pheromone10X (otros les han puesto “copulinas”).
La mejor evidencia de que existen las feromonas humanas está dada por los experimentos en la Universidad de Chicago, en los cuales a
ciertas jóvenes mujeres se les hace oler algodones con secreciones de las axilas de algunas de sus compañeras y, al poco tiempo,
sincronizan sus ciclos menstruales con los de las donantes de su transpiración axilar. Hoy se cree que las feromonas humanas podrían
influir nuestro comportamiento en alguna parte del cerebro no consciente. Sin embargo, nuestra parte consciente, a través de los sentidos, la
educación y la cultura, ejerce un mayor nivel de control. Es decir, sentir las feromonas de alguien o de alguna fragancia no nos dará
irremediablemente ganas de tener relaciones con esa persona o atacarla, como sucede en algunos animales.
Las feromonas se producen en las glándulas apocrinas, que son parte de las glándulas sebáceas que existen en los lugares expuestos de la
piel y secretan sustancias para matar microorganismos potencialmente peligrosos. Se activan en la pubertad. Su ubicación preferencial es las
axilas, los pezones (ambos sexos), la zona genital, las regiones alrededor de los labios, los párpados y fuera de la oreja. Las primeras cuatro
regiones están asociadas con el crecimiento de vellos durante la pubertad, lo que tiene mucho sentido pues se trata del momento del
desarrollo en que empezamos a interesarnos por el sexo. Además, estas áreas donde crecen los pelos son muy eficientes para disipar olores
por evaporación. Quizás entonces les hemos encontrado una función a las axilas: secretar feromonas. Están a la altura de la nariz y nos lo
pasamos moviendo los brazos para que el otro pueda “olernos”. Seguro que no somos máquinas, que caemos rendidos ante el olor, pero es
probable que nuestro comportamiento esté orientado a un mix de un concierto de feromonas sumado a nuestro intelecto.
¡Te dije que había
una explicación biológica!
Finalmente, es vox populi, muchos hablan del sexto sentido de las mujeres. Otros lo conocen como la percepción o intuición femenina.
Nada tiene que ver con las feromonas ni con la propiocepción. Esto se debe a que ellas logran percibir, mejor que el sexo opuesto, cuándo lo
que alguien dice se contradice con lo que su cuerpo está mostrando. Detectan contradicciones entre las palabras y el lenguaje corporal de
manera más eficiente que los hombres. En un experimento en Harvard les mostraron a hombres y mujeres unos cortos de cine sin audición
donde transcurrían diferentes situaciones. Sólo el cuarenta y dos por ciento de los hombres pudo descifrar lo que pasaba, comparado con
un ochenta y siete por ciento de las mujeres. Estas últimas desarrollan aún más esta habilidad cuando ya son mamás y tienen que
comunicarse muy tempranamente con sus hijos antes de que aprendan a hablar. Sin embargo, en el experimento de Harvard, aquellos
