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¿Cómo se nos ocurren
las ideas?

La creatividad se alimenta de ideas, y éstas provienen de alguna parte. Las ideas se crean en el cerebro, nuestra mente. Uno de los trabajos
más interesantes para explicar la aparición de las ideas es “Neurociencia cognitiva y el estudio de la memoria”, de Eric Kandel, ganador del
Premio Nobel en Fisiología y Medicina en el año 2000, por esta contribución. El doctor Kandel y sus colaboradores proponen un nuevo
modelo del cerebro, el de la “memoria inteligente”. Desde la aparición de este último, la mayoría de los neurocientíficos ha dejado de aceptar
la teoría del doctor Roger Sperry sobre los dos hemisferios, derecho e izquierdo, del cerebro. En la teoría de Kandel, el análisis y la intuición
trabajan de manera simultánea en todos los modelos de pensamiento. No hay tal cerebro izquierdo ni cerebro derecho. Sólo existe el
aprendizaje y el recuerdo, los cuales trabajan en diferentes combinaciones en todo lo largo del cerebro.
Para no abrumarlos con complejidades científicas, la teoría dice más o menos lo siguiente: desde el momento en que nacemos, todo,
absolutamente todo lo que nos sucede en la vida queda registrado en algún lugar del cerebro, llamémoslo

memoria inteligente . No sólo

nuestras experiencias, sino todo lo que aprendemos: lo que leemos, lo que vemos, lo que nos cuentan. Una forma visual que me gusta usar
para entender esta teoría es imaginarse que el cerebro está lleno de cajones y que cada cosa o evento que nos sucedió, que aprendimos,
quedó guardado en algún cajón, en nuestra “memoria inteligente”: el cerebro como una cajonera.
¿Sabías que una de las actividades que más energía consume en el cerebro es la de pensar cosas que nunca antes hemos
visto? Es también por esto que resulta tan difícil pensar cosas nuevas.
Los cajones comienzan a abrirse y cerrarse, y los recuerdos en ellos se conectan de manera azarosa. Y cuanto más relajados estemos,
más se abren y se cierran y se interconectan. Cuando esto ocurre en algún momento particular del día o de la noche, tenemos “más” ideas
que en el resto de la jornada. Esto depende mucho de cada persona: en la ducha, yendo a correr, haciendo deporte, en el auto manejando, en
el subte o en el colectivo, jugando o hamacando a tu hija en la plaza. Son momentos de claridad mental.
Cuando el cerebro está más relajado, aparecen más ideas. Éstas pueden ser rutinarias, conocidas o no importantes y, a veces, pueden ser
ideas que podemos llamar creativas. Cuantas más se nos ocurran, más chances tenemos de que alguna sea creativa. En resumen, las ideas
son la combinación azarosa de conceptos, vivencias, ejemplos, pensamientos, historias que ya estaban almacenadas en nuestra memoria
inteligente, en nuestros cajones. No decimos nada “nuevo”, la novedad es la forma en que combinamos lo ya conocido. De repente, estas
combinaciones que chocan entre sí aparecen en nuestro consciente. “Vemos” la idea. Hemos tenido un
insight o una revelación. Cuanta
mayor es nuestra claridad mental, más posibilidades de insights. Cuanto menos ruido haya en nuestro consciente, cuanto más tranquilos
estemos, disfrutando, haciendo algo que realmente nos gusta, más insights tenemos.
Beethoven experimentaba con setenta versiones diferentes de una frase musical antes de quedarse con la definitiva. “Hago
muchos cambios, rechazo y pruebo de nuevo, hasta que estoy satisfecho”, le decía a un amigo. Es completamente normal el
constante refinamiento de tus ideas hasta encontrar la que suene mejor para vos.
Esto lo entienden muy bien algunas empresas muy innovadoras. Les dan a sus empleados tiempo libre en espacios flexibles, amplios,

luminosos, agradables con tiempo para imaginar el futuro. Allí, más relajados, sin la necesidad imperativa de estar apagando el incendio de la
rutina, saben que tendrán más ideas. Por una cuestión de estadística matemática —como ya hemos discutido—, cuantas más ideas tenemos,
más chances o más posibilidades de que alguna sea creativa. Si la organización es generosa con los empleados, éstos son generosos con la

organización.
En la Selección Nacional de Fútbol, Lionel Messi es la misma persona con el mismo cerebro que en el Barcelona. Lo que sucede es que en
el Barça produce mucho más: hace diez, quince jugadas por partido, y dos o tres terminan en gol. Sin embargo, en la Selección hace dos o
tres por partido; entonces, hay menos chances de que sean gol, de que sean creativas. La producción de sus jugadas y el despliegue de su
talento y creatividad dependen mucho del ambiente, del clima laboral, de quiénes son sus compañeros, de quién es su jefe, de cómo se
siente. La creatividad no es algo mágico que se enciende en cualquier parte sino que está íntimamente relacionada con el clima.
haber un ambiente estimulante para ser creativo.

Tiene que