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Otra técnica similar es la de convertirse en parte del problema. Si seguimos con el mismo ejemplo de los depósitos, imaginemos
ahora que somos un depósito bancario. Sos el lugar donde se guarda la plata. ¿Qué le dirías al banquero? ¿Qué le dirías al cliente?
¿Cómo te gustaría estar? ¿Cómo te gustaría ser? ¿Te gustaría estar adentro, afuera, ser grande, chiquito, de colores? A medida
que uno va respondiendo, imaginándose en este caso ser un depósito bancario, pueden surgir nuevas y creativas ideas.
TÉCNICA : SOY EL DESA FÍO
Imaginate que sos el problema —o parte de él— de tu desafío creativo.
Mirá la situación desde esa perspectiva: ¿Cómo me sentiría si tal cosa? ¿Qué me diría eso, si fuese yo? ¿Qué sentiría si yo fuese esa idea que
estoy desarrollando? ¿Qué recomendación me haría a mí mismo?
Las tres técnicas, la mezcla de conceptos, la esencia o principio de los desafíos y convertirse en parte del problema buscan la
introducción del azar para romper con los patrones de pensamiento lógico.
TÉCNICA : LA ESENCIA DEL DESA FÍO
Si tu desafío creativo es querer llevar una vida más tranquila, más relajada, preguntate: ¿Qué cosas son tranquilas? ¿Qué cosas
son relajadas? ¿Quiénes van despacio? ¿Las tortugas? Bueno, ¿cómo son las tortugas? Y de ahí empezar a asociar y sacar ideas
para tu desafío.
Pensar en términos de principio y esencia, lo que hace es liberar la imaginación de los impedimentos o las trabas que pueden poner
a veces las palabras, las categorías o etiquetas.
TÉCNICA : EL PRINCIPIO DEL DESA FÍO
Si mi desafío creativo es mejorar el lavado de autos hacé una lista de todas las otras cosas que se lavan (el pelo, la ropa, las calles,
las uñas, los perros, etcétera). El principio del problema es el “lavado”, “lavar”, “limpiar”.
Generá conexiones, relaciones y asociaciones que puedas adaptar para tu lavadero de autos.
Leonardo da Vinci fue el primero en escribir sobre la importancia de introducir variaciones en el azar para poder crear patrones diferentes
de pensamiento de aquellos establecidos por nuestra educación y experiencia. Da Vinci encontraba ideas maravillosas inspirándose en
objetos sin conexión o al azar. Su desafío era mezclarlos conceptualmente con sus problemáticas. Podía llegar a mirar las manchas en una
pared o las cenizas que quedaban luego de un fuego, la forma de las nubes o los patrones en el barro. Uno de los aspectos más interesantes
en relación con estas técnicas es que cuando nos concentramos en dos objetos, conceptos o ideas diferentes por completo o al parecer no
conectadas, no importa cuán lejanos sean, el cerebro va a lograr una conexión. Las metáforas son una explicación de este fenómeno. Si
decimos: “ojos que no ven, corazón que no siente”, de inmediato todo el mundo entiende de qué se trata. Sin embargo, no existe una
relación directa entre los ojos ciegos y el corazón. No hay una forma de conexión lógica en esta frase, pero la entendemos. Lo que hace
nuestra mente es tomar dos conceptos diferentes, no relacionados, y mezclarlos conceptualmente: Si no vemos o conocemos a la persona,
no podemos sentir algo por ella.
TÉCNICA DE LEONA RDO DA V INCI
Leonardo decía que hasta que algo no era percibido por lo menos desde tres o cuatro perspectivas distintas, uno no podía
comprenderlo realmente. Un conocimiento completo y real sólo proviene de sintetizar todas esas perspectivas en una.
Por ejemplo, cuando él diseñó la primera bicicleta, pensó su desafío desde el lado del transporte (cuál sería el mejor diseño como
inventor), desde el de los inversores (quiénes podrían financiar los prototipos y la producción de estas bicicletas), desde el del
consumidor final (quién usaría esas bicicletas) y desde el de las ciudades (donde esas bicicletas serían usadas). Luego sintetizó todas
esas perspectivas en el diseño final de la bicicleta.
Existen ya estudios de psicólogos educacionales que demuestran cómo la multiplicidad de perspectivas genera un desarrollo de la
creatividad y también de la conciencia de cómo son realmente las cosas.
Derivado de la mezcla de conceptos, podemos realizar la técnica de mezcla de problemas. Trabajar en un desafío y, de manera
superpuesta, en otro. A veces un problema contagia e infecta al otro, y esto te permite asociar y relacionar ideas de uno con el otro. En
general, estamos acostumbrados a resolver algo y después pasar a la siguiente cuestión. Un buen consejo es ver qué sucede si nos
dedicamos a dos problemas al mismo tiempo.
Imaginemos que estamos haciendo una torre con cartas, como hacíamos muchas veces cuando éramos más pequeños. La torre empieza
a subir y a crecer de una manera absolutamente predecible hasta que de repente, sin ninguna advertencia, llega a un punto crítico de
equilibrio y colapsa. Lo mismo sucede cuando introducimos algún objeto, concepto o idea al azar, y lo mezclamos con el desafío dentro de
nuestra imaginación. Puede que en algún momento, de manera azarosa y sin advertencia, estimule un pensamiento que produzca que algunas
neuronas se enciendan y conecten. Esto provocará que otras neuronas vecinas también lo hagan, causando una cascada de actividad
