Agil Mente Estanislao Bachrach.pdf


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Tratá de combinarlos para ver qué surge.
Ejemplo:
Desafío creativo: llegar más rápido al trabajo.
Todos los recursos: voy en helicóptero y aterrizo en el techo de mi oficina.
Ningún recurso: voy caminando, no tengo plata, para eso debo salir dos horas antes de mi horario de entrada.
Combinación: ...............................................
Los científicos no se ponen de acuerdo con una definición universal sobre las emociones. Éstas pueden ser definidas y caracterizadas en
una variedad de formas, exclusivas o no exclusivas. Una manera sencilla de describir las emociones es considerarlas estados del cuerpo que
surgen a partir de recompensas y castigos. Las recompensas, sin duda, tienen una connotación positiva y representan todas esas cosas que
las personas, y a veces los animales, intentan obtener cada vez más y se esfuerzan por ellas. En cambio, los castigos representan algo que
vale la pena evitar. Sólo cuando la gente es consciente de sus emociones, experimenta lo que llamamos sentimientos. Este reconocimiento de
las emociones de cada uno es un aspecto importante de nuestra conciencia. Algunos científicos dicen que ellas son simplemente respuestas
que han evolucionado como parte de la dificultad de sobrevivir en este mundo. Varios describen las emociones como estados mentales que
resultan de nuestra capacidad para censar lo que pasa afuera, en el ambiente. Otros piensan que son construcciones sociales. En definitiva,
todos creemos saber de qué hablamos cuando se trata de emociones, pero no parece fácil definirlas. Una idea muy popular de clasificar a las
emociones es mediante un concepto bipolar, de valencia (positiva o negativa) y excitación (placentera o no placentera), que depende de la
intensidad de la emoción. En estos días modernos, las personas experimentan la mayoría de sus emociones (culpa, vergüenza, gratitud,
celos) dentro de un contexto social. Lo más importante de

las emociones —muchos no lo saben— es que todas llevan a una acción,

dirigen nuestro comportamiento.
El doctor Ledoux demostró en los noventa que la amígdala es la guardiana de las emociones en el cerebro. Tiene la capacidad de guardar
en la memoria las distintas emociones que vamos viviendo a lo largo de nuestra vida, sin ser conscientes de que lo estamos haciendo. La
relación directa y rápida entre el tálamo y la amígdala hace posible que esta última reciba de inmediato todas las señales procesadas por los
sentidos. Esta inmediatez permite que la amígdala inicie ciertas respuestas antes de que toda la información sea comprendida o analizada por
el córtex. Esto quiere decir que, dentro del proceso de registrar las emociones, la amígdala recibe todos los estímulos por una especie de
autopista rápida, lo que produce reacciones casi instantáneas y automáticas, como reírse, pelear, correr, llorar. Un cuarto de segundo
después, esta información recién llega al córtex. Allí es evaluada de manera más delicada, con su contexto, para que se prepare un plan
racional de acción. Si la evaluación que hace el córtex coincide con las reacciones instantáneas provocadas por la amígdala, entonces el
cuerpo continúa con ellas. Sin embargo, si este análisis racional indica que es más apropiado responder de manera diferente —por ejemplo,
en forma verbal y no física—, entonces el córtex envía mensajes al hipotálamo para calmar la situación, es decir, apagar la amígdala.
Distintas técnicas confirmaron en 2004 que la amígdala es el área donde se producen las sensaciones de miedo y de enojo. La amígdala
genera las dos típicas respuestas al miedo: quedarse quieto o salir corriendo. Esto sucede con frecuencia cuando nos encontramos en una
situación de vida o muerte, y nuestro sentido de supervivencia aflora con más fuerza que la razón. Si nos asaltan y salimos corriendo no
estamos siendo muy racionales, ya que nos arriesgamos a que nos disparen. La amígdala también está cableada de forma tal que tengamos
miedo “natural” a ciertos estímulos; por ejemplo, cuando pasa un pájaro volando muy cerca de nosotros, una araña, una serpiente. Algunas
emociones parecen tener un cableado desde que nacemos, se hacen evidentes al ver que los niños pueden reír y llorar apenas después de
nacer. Otras emociones parecen ser aprendidas, como la culpa que requiere un condicionamiento social a través de un feedback negativo.
La mayoría de los científicos reconoce entre cuatro y seis emociones bien básicas: el miedo, el enojo, la tristeza, la alegría y luego —fue
el investigador Damasio quien las agregó— la sorpresa y el disgusto. Las emociones también mejoran la memoria. Aparentemente, la
memoria queda registrada de diferentes formas, dependiendo si tuvo un contenido emocional o no. Los recuerdos o las memorias sencillas,
sin contenido emocional, se registran, en esencia, en el hipocampo. Sin embargo, aquellas acompañadas de contenido emocional son
procesadas sobre todo en la amígdala.
Una teoría que se desarrolló hace pocos años, en la Universidad de Illinois, explica que cada uno de nuestros cerebros tiene una especie
de set point emocional. Todos tenemos un punto de equilibrio en nuestros estados de ánimo, que nos marca un nivel básico de tristeza, un
nivel básico de felicidad, etcétera. Hay eventos que empujan hacia arriba o hacia abajo cada uno de estos puntos de equilibrio. Pero, en
ocasiones, las personas volvemos a nuestra base, a ese punto de equilibrio. En general, la gente que es más negativa tiene estados
emocionales más negativos; estas personas son más pesimistas, más ansiosas y tratan de evitar a otra gente. Y aquellas que tienden a los
estados positivos, por lo común, son más activas, extrovertidas y de confianza. Algunos escaneos cerebrales revelan que estos dos grupos
de personas reaccionan diferente cuando son confrontados con las emociones de otros individuos. Por ejemplo, cuando se les muestran
fotografías de personas que dan miedo, esto provoca reacciones mucho más fuertes en la amígdala en aquellas personas pesimistas,
mientras que las fotografías de personas sonriendo provocan la reacción opuesta en personas optimistas.
Como estamos en permanente evolución y progreso, podemos predecir qué tipo de cambios podrían ocurrir en nuestros cerebros
humanos, observando qué sucede con la evolución de los cerebros de otras especies. Hoy sabemos que la amígdala tiene más influencia en
el córtex que éste sobre la amígdala. Por eso, en ciertos momentos, las emociones dominan y controlan el pensamiento. Si estudiamos a los