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Libro de la Libertad

19 Y echaron polvo sobre sus cabezas, y dieron voces, llorando y lamentando, diciendo: ¡Ay, ay
de la gran Israel, en la cual todos los que tenían naves en el mar se habían enriquecido de sus
riquezas; pues en una hora ha sido desolada!
20 Alégrate sobre ella, cielos, y vosotros, Santos, Apóstoles y Profetas; porque Dios os ha hecho
justicia en ella.
21 Y Miguel, el Ángel Poderoso tomó un planeta errante del espacio, como una gran piedra de
molino, y la arrojó en el mar, diciendo: con el mismo ímpetu será derribada, la gran na-sión, y
nunca más será hallada. Y voz de arpistas, de músicos, flautistas y de trompeteros no se oirá más
en ti; y ningún artífice de oficio alguno se hallará más en ti, ni ruido de molino se oirá más en ti.
23 Luz de lámpara no alumbrará más en ti, ni voz de esposo y de esposa se oirá más en ti; porque
tus mercaderes eran los grandes de la Tierra; pues por tus hechicerías de la rebelión fueron
engañadas todas las naciones.
24 Y en ella se halló la Sangre de los Profetas y de los Santos, y de todos los que han sido
muertos en la Tierra”… porque la Babilonia del Apocalipsis fue Israel que puso imperios y

reyes de esclavitud; sangre y muerte sobre la humanidad para hacerlos corderos de
sacrificio: “Mas Jehová nuestro Dios lo entregó delante de nosotros; y lo derrotamos a él y a sus
hijos, y a todo su pueblo. Tomamos entonces todas sus ciudades, y destruimos todas las ciudades,
hombres, mujeres y niños; no dejamos ninguno”, (Deuteronomio 2:33,34)… viviendo desde la

invasión chupando sangre humana, cual parasito sobre el hombre terrestre.
¡Alegraos quienes habéis sido esclavos de Salomón! porque ha llegado la libertad;
porque Sion, la ramera está en su etapa final: “Esto, para la mente que tenga Sabiduría: Las
siete cabezas son siete montes (de la Comunidad Económica Europea), sobre los cuales se sienta la
mujer, y son siete reyes. Cinco de ellos han caído; uno es, y el otro aún no ha venido; y cuando
venga, es necesario que dure breve tiempo”… ¡Alegraos! porque al coronar a su rey Lucifer

como Dios de la Tierra, el que aún no ha venido como Salomón en su tercer templo, se le
acaba su tiempo sobre el planeta, entonces: “1 Después de esto oí una Gran Voz de Gran
multitud en el cielo, que decía:
son del Señor Dios
nuestro; porque sus juicios son verdaderos y justos; pues ha juzgado a la gran ramera que ha
corrompido a la tierra con su fornicación, y ha vengado la sangre de sus siervos de la mano de ella.
3 Otra vez dijeron: ¡Aleluya! Y el humo de ella sube por los siglos de los siglos.
4 Y los Veinticuatro Ancianos y los Cuatro Seres Vivientes se postraron en tierra y adoraron
a Dios Jesús, que estaba sentado en el Trono de Días, y decían: ¡Amén! ¡Aleluya!
5 Y salió del Trono una Voz que decía: Alabad a nuestro Dios Ram-Ri-Dam todos sus siervos,
y los que le teméis, así pequeños como grandes.
6 Y oí como la voz de una gran multitud, como el estruendo de muchas aguas, y como la voz de
grandes truenos, que decía: ¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso Cristo reina!
7 Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su
esposa, LA TIERRA, se ha preparado.
8 Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino
fino son las acciones justas de los Santos.
9 Y el Ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del
Cordero. Y me dijo: Estas son Palabras Verdaderas de Dios.
10 Yo me postré a sus pies para adorarle. Y él me dijo: Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo,
y de tus hermanos que retienen el Testimonio de Jesús. Adora a Cristo; porque el Testimonio de
Jesús es el Espíritu de la Profecía.
11 Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba
Fiel y Verdadero, y con Justicia Juzga y pelea.
12 Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía su
nombre Ram-Ri-Dam escrito que ninguno conocía sino él mismo.
13 Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es EL VERBO DE DIOS.
14 Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos
blancos.

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