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Editorial
LOS SONIDOS
DEL
SILENCIO
H
dades productivas, generadoras de más empleos y mejores
salarios.
ace poco más de un mes se celebró la septuagésima
novena Convención Bancaria. Como cada año, Acapulco
fue el bello escenario en el que los días 10 y 11 de marzo pasado la cúpula directiva de la banca en el país se reunió con
las principales autoridades financieras nacionales. A lo largo
del cónclave, enmarcado por la frase “México y su banca:
protagonistas en el nuevo orden económico internacional”,
prevalecieron las visiones optimistas sobre la trayectoria
sectorial, abundaron los intercambios de alabanzas y no
faltaron los autoelogios. Poco espacio hubo para las consideraciones críticas sobre el discreto papel de la banca en el
impulso de la economía mexicana.
En palabras de un prestigiado especialista de la Universidad
de Cambridge, Ha-Joon Chang, “el problema de los mercados financieros de hoy en día es que son demasiados eficaces
para generar beneficios rápidos para sí mismos”. De ahí la
importancia creciente de la banca de desarrollo, reconocida
en la Convención Bancaria, para encauzar el financiamiento con una lógica diferente y una perspectiva más identificada con el interés general, sin perder de vista las complejas
circunstancias macroeconómicas imperantes ni la necesidad
de una mayor selectividad del crédito.
El dirigente en turno de la Asociación de Bancos de México,
por ejemplo, destacó que el desempeño sectorial de 2000 a
2015 representa “el mayor ciclo de crecimiento en los últimos cien años de historia de la banca en México”; tan sólo el
año pasado, dijo, el aumento del crédito bancario ascendió a
12.9% en términos reales, 5.2 veces el incremento de 2.5%
en el producto interno bruto global. Gracias a ese dinamismo, se repitió a lo largo de la Convención, el otorgamiento total de crédito bancario equivale ya a 30.9% del PIB y
ha quedado a tiro de piedra el objetivo oficial de 40% para
2018.
Desde la dirección general del Bancomext, por lo pronto, se
han trazado varias pautas de acción institucional, entre ellas
las de financiar la fase inicial de proyectos de inversión en
sectores clave e impulsar la participación de otros intermediarios en las etapas maduras; fortalecer el apoyo financiero y técnico a empresas del país para elevar la integración
nacional en las cadenas de valor globales, y crear bancos
de datos de proyectos de inversión, en sus diferentes etapas,
para despertar interés en inversionistas internacionales.
Es claro que el comercio exterior no ha tenido en México el poder de arrastre económico esperado, entre otras
razones por los limitados nexos que las grandes empresas
exportadoras tienen con el resto del aparato productivo nacional. Reconocer esa realidad incómoda, como sucede en
el Bancomext, es el primer paso para forjar las respuestas
pertinentes. El silencio, la autocomplacencia y las miradas
parciales, como ocurre en el ritual acapulqueño, no son ni
serán buenos consejeros. l
Otra lectura muy distinta de las cuentas presumidas, sin embargo, considera que el contraste entre el ritmo del avance
crediticio y el de la expansión de la economía encierra un
profundo problema: la disfuncionalidad del sistema bancario con el crecimiento productivo. La eficiencia de la banca, desde ese ángulo, debiera valorarse también con base
en indicadores como la magnitud y las condiciones del financiamiento destinado a las inversiones en nuevas capaci-
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