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El área de las maravillas
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Camaleón
En el mundillo del séptimo arte se le reconoce a Woody Allen, el gran cineasta, comediante, escritor y clarinetista de Brooklyn, un talento especial
para crear y recrear personajes ficticios memorables. Uno de ellos es el
protagonista de su película Zelig, dotado de la rara facultad de mimetizarse
con quienes lo rodean, es decir, de asumir la personalidad y hasta la apariencia física de la gente a su alrededor.
Con el sano propósito de conseguir la aceptación, el afecto y los favores del
prójimo, Leonard Zelig se transforma lo mismo en un hombre de cualquier
raza o profesión que en alguien del círculo íntimo del Papa, Chaplin, Hitler, Al Capone u otro personaje famoso. No es difícil suponer que la imaginación del neoyorquino se inspiró en la anatomía del camaleón, especie
con una singular capacidad natural de adaptación que le permite cambiar
de color ante una posible amenaza, o bien, por variaciones súbitas en la
temperatura, la humedad, la luz y otras condiciones del ambiente.
Habilidades miméticas semejantes a las del camaleón también se pueden
hallar en las instituciones públicas, sobre todo en las capas superiores de
los organigramas. El Bancomext, por supuesto, no es la excepción. ¿Quién
no conoce a algún funcionario de altos vuelos con dotes camaleónicas,
siempre en sintonía con las inclinaciones del director general en turno?
¿O uno que mucho presume pero poco o nada sabe de su puesto nominal?
¿Y otro que se inventa funciones para justificar un cargo relumbrante? ¿O
alguno que siempre camina de prisa para hacer creer que graves responsabilidades y tareas urgentes lo esperan?
Varios apoyadores y ejecutores prematuros de la fusión institucional con
Nacional Financiera, por ejemplo, se convirtieron luego en fervientes defensores de la vigencia del Bancomext. En fechas más cercanas, promotores entusiastas de la colocación indiscriminada de créditos se tornaron
en férreos partidarios del financiamiento prudencial y selectivo. A veces,
incluso, las mutaciones camaleónicas se extienden a instrumentos administrativos como la evaluación del desempeño, cuyas mediciones se reconfiguran para que las discrecionalidades de siempre prevalezcan sobre los
resultados objetivos previstos en teoría.
Frente a realidades cambiantes, sin duda, las capacidades adaptativas
representan una cualidad profesional necesaria y de alta estima. Pero no
cuando se trata de simulaciones para conservar privilegios o enmascarar
la carencia de posiciones y aptitudes propias. Y de eso, sabe mucho el
Camaleón que ronda, bajo diferentes nombres, por el edificio de Periférico Sur 4333. l