APUNTE N° 6 BarrioGalaxia.pdf


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Desde que comenzamos el proyecto «DRC - desarrollo de recursos de comunicación de organizaciones sociales», quienes integramos su equipo
hemos repartido el tiempo entre las tareas de capacitación y la formulación de
materiales, y en discusiones sobre algunos conceptos clave que orientaron la
formación y la práctica de los «comunicadores populares» durante los .últimos
30 años . De más está decir que «comunicadores populares» es uno de esos
conceptos básicos , marcadores de identidad y de horizontes de la práctica, que
estuvo y está también en discusión .
Este manual no es el cierre de esas discusiones ni de las búsquedas compartidas con miembros de organizaciones sociales de diverso tipo, responsables de
medios, académicos , militantes sociales, eclesiales y políticos. Es apenas un
punto de pasaje, un detenerse en el camino para transformar esas discusiones y
prácticas en un material que ayude a que las mismas se multipliquen y continúen, ampliadas, más allá de nosotros .
Durante mucho tiempo, dogmas de diversos coloridos -si es que tienen color los
dogmas- más o menos explícitos, más o menos francos en su dogmatismo,
orientaron lo que un comunicador debía hacer -y lo que no debía- cuando trabajaba con organizaciones y personas de sectores populares . Dos argumentos
complementarios confluyeron para reforzar y legitimar estos dogmas . Por un
lado, una concepción del pueblo y lo popular como identidad cerrada, ya dada,
«larvada» : de esto se desprendía que la tarea del comunicador en sectores
populares era «desvelar» y luego «velar» - en el horrible sentido de vigilar- esa
identidad . El otro argumento, era que los medios de comunicación masiva, y la
cultura que por ellos circula, eran intrínsecamente dominadores y manipuladores . La concepción «hipodérmica» de la comunicación, la idea de que se puedan «inyectar» ideas, significados y aún conciencias, articula ambos argumentos .
Hoy es difícil mantener una idea cerrada de la identidad popular : la fragmentación del mundo de los pobres y excluidos nos enrostra una y otra vez la falacia de
esa concepción . Lo mismo sucede con los medios de comunicación : las relaciones complejas y cercanas que los sectores populares mantienen -y que en
perspectiva sabemos que mantuvieron históricamente- con los medios masivos
y la cultura de masas, nos ponen frente a la disyuntiva de pensar o bien que la
alienación de los pobres es estructural- por lo tanto la idea de pueblo no tiene
sentido- o bien que en esa relación a diversos grados de libertad y responsabilidad, de compromiso conciente y de búsqueda de «más vida» y «más sentido» .
Todo esto lo decimos sabiendo que una cosa es la fragmentación y por lo tanto
la necesidad de reconocer las diferencias para construir espacios colectivos, y