Feminismo y marxismo, un matrimonio mal avenido.pdf

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PAPERS DE LA FUNDACIÓ/88
mantenemos que la acumulación del capital se acomoda a la estructura social
patriarcal y contribuye a perpetuarla. Sugerimos en este contexto que la ideología
sexista ha asumido una forma peculiarmente capitalista en la actualidad, que ilustra
una de las maneras en que las relaciones patriarcales tienden a apuntalar el
capitalismo. Defendemos la tesis, en resumen, de que se ha producido una
colaboración entre patriarcado y capitalismo.
En la cuarta parte, para terminar, mantenemos que las relaciones políticas entre
marxismo y feminismo explican el predominio del marxismo sobre el feminismo en la
concepción de la “cuestión de la mujer” por parte de la izquierda. Así pues, una unión
más progresiva entre marxismo y feminismo requiere no sólo una mejor comprensión
intelectual de las relaciones de clase y sexo, sino también que la alianza reemplace al
predominio y la subordinación en la política de la izquierda.
El marxismo y la cuestión de la mujer
La “cuestión de la mujer” no ha sido nunca la “cuestión feminista”. La cuestión
feminista se refiere a las causas de la desigualdad sexual entre hombres y mujeres,
del predominio del hombre sobre la mujer. La mayoría de los análisis marxistas de la
posición de la mujer parten de la relación de la mujer con el sistema económico, y no
de la relación de la mujer con el hombre, suponiendo al parecer que esta última
quedará explicada en su análisis de la primera. El análisis marxista de la cuestión de
la mujer ha adoptado tres formas principales. Todas ellas ven la opresión de la mujer
en nuestra conexión (o en nuestra falta de conexión) con la producción. Al definir a la
mujer como parte de la clase obrera, estos análisis subsumen la relación del obrero
con el capital. En primer lugar, los primitivos marxistas, incluidos Marx, Engels,
Kautsky y Lenin, pensaban que el capitalismo arrastraría a todas las mujeres hacia el
trabajo asalariado y que este proceso destruiría la división sexual del trabajo. En
segundo lugar, los marxistas contemporáneos han incluido a la mujer en el análisis de
la “vida cotidiana” en el capitalismo. Dentro de este punto de vista se supone que
todos los aspectos de nuestra vida reproducen el sistema capitalista, y que dentro de
este sistema todas somos trabajadoras. Y en tercer lugar, las feministas marxistas se
han centrado en el trabajo doméstico y su relación con el capital, manteniendo
algunas que el trabajo doméstico produce plusvalor y que las amas de casa trabajan
directamente para los capitalistas.
Estos tres enfoques son examinados
sucesivamente.
Engels, en El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, reconocía la
posición de inferioridad de la mujer y la atribuía a la institución de la propiedad
privada2. En la familia burguesa, afirmaba Engels, la mujer tenía que servir a su amo,
ser monógama y dar herederos que heredaran la propiedad. Entre los proletarios,
proseguía Engels, la mujer no era oprimida porque no había propiedad privada que
legar. Engels continuaba diciendo que, a medida que la extensión del trabajo
asalariado destruía la pequeña propiedad campesina y que las mujeres y los niños se
incorporaban a la fuerza de trabajo asalariado junto con los hombres, se socavaba la
autoridad del cabeza de familia y se destruían las relaciones patriarcales3. Para
Engels, la participación de la mujer en el trabajo era la clave de su emancipación. El
capitalismo aboliría las diferencias de sexo y trataría a todos los trabajadores por
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