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LA SEMILLA DEL EMPRENDIMIENTO SOCIAL
En el seno de la Familia Rozas-Botrán, el origen de “el arte
de ayudar“ como un proyecto de emprendimiento social
para crear nuevos modelos de servicios en la investigación
científica y cuidado de la salud de las personas más
vulnerables, se remonta a Quetzaltenango en los albores
del siglo XX. En 1915, fue doña Lina, bisabuela de Jose
Rozas-Botrán, quien inició el camino prodigando alivio a
los males que aquejaban a los habitantes de las humildes
viviendas de la periferia urbana.
El ejemplo de esta dama sensibilizó a su hija Clarita de
Botrán, casada con el joven empresario Jesús Botrán
Merino. La pareja se trasladó a la capital de Guatemala
en donde Clarita inició una discreta labor social. Jesús
amaba la ópera, y Clarita tenía un gusto especial por las
artes plásticas. De ahí se desprende una anécdota narrada
por su nieto Jose: sus abuelos iban con frecuencia a
Madrid y en una ocasión, Clarita coincidió en el Museo
del Prado con un jovencito guatemalteco que hacía un
ejercicio de dibujo. Años más tarde, en Guatemala, aquel
joven pintó retratos de miembros de la familia. Era Manolo
Gallardo, el conocido maestro guatemalteco.
Rodeada de vivencias artísticas y una genuina entrega
al servicio de los demás, nació Carmen Amparo Botrán
quien a los diecisiete años viajó a Europa en donde
conoció a su futuro esposo, Ramón Rozas Sobrino. La
providencia, entendida como la sabiduría de Dios que rige
el mundo, originó el encuentro entre Amparo y Ramón
en el Principado de Asturias, comunidad autónoma del
norte de España, lugar de procedencia de ambas familias.
Fue amor a primera vista. Sin embargo, pasó un año
antes de que los novios fijaran la fecha de boda, porque
ninguno estaba dispuesto a abandonar su terruño. Fue
él quien cedió y el matrimonio se asentó en Guatemala
sin perder la estrecha relación con España.
Acerca de la ascendencia paterna, la familia de Ramón
Rozas Ramírez fundó en España, la Casa Rozas, dedicada

a la fotografía. Su abuela Consuelo, era académica de
la danza. Este fue el ambiente artístico en el que Ramón
Rozas Sobrino se desarrolló como un gran fotógrafo.
Con la visión del bien común, Amparo Botrán de Rozas,
apoyada por su esposo, fue voluntaria de las obras de la
Madre Teresa de Calcuta y atendió a los más necesitados
en el leprocomio de Guatemala. Amparo también cultivó
su gusto por el arte, particularmente con el ejercicio de
la pintura de caballete.
Esta síntesis de la familia de Jose Rozas-Botrán confirma
la fertilidad del terreno en que fue plantada la semilla. Las
visitas culturales al viejo mundo y el ejemplo de servicio
al prójimo animaron en él la vocación de emprendedor
social.
Una escala de valores consolidada
Entre las vertientes que han nutrido los valores humanos
y cristianos de la familia Rozas-Botrán, se encuentra la
influencia de Clarita de Botrán quien manifestó siempre
su espíritu solidario hacia los niños y los adolescentes
más necesitados, especialmente hacia las personas con
capacidades diferentes. Una de las experiencias más
importantes de la niñez de Jose consiste en el recuerdo
del día de su Primera Comunión, cuando su mamá lo llevó
a compartir la celebración de este sacramento con los
niños del Hospital Nacional de Ortopedia y Rehabilitación
Doctor Jorge von Ahn de León, en la zona 1 de la ciudad
de Guatemala. Ese día descubrió lo maravilloso que son
los niños y jóvenes especiales.
Desde aquel momento estuvo consciente de los valores de
amor al prójimo y solidaridad que se vivían en su círculo
familiar más cercano. El Centro Escolar El Roble fue otra
fuente para su formación. Aquí fortaleció su educación
formal a la par de su espíritu cristiano. Después llevó a
cabo estudios académicos en Boston, en los Estados
Unidos de Norte América, en el campo empresarial. A su
regreso, decidió estudiar la Licenciatura en Historia del
Arte en la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala.
www.fundacionrozasbotran.org

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