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Buscó un escondite para contar el dinero.
Agitado, desprolijo y humillado por su propio comportamiento, se tomó la cabeza sin poder creer lo que había hecho.
Con la respiración entrecortada y un cansancio que parecía de años, contó el dinero obtenido, más de lo que pensaba
realmente.
Fue a su casa. Entró con mucho miedo de aquello que pudiera encontrar.
Su madre seguía con fiebre y su padre le ponía paños fríos.
– Aquí tienes, el dinero necesario para llevar a mamá a la cuidad. Apresúrate, no hay mucho tiempo – Dijo Lisandro
evitando mirar a los ojos.
– ¿De dónde y cómo has obtenido semejante suma de dinero? – preguntó sorprendido el padre.
– Luego te lo explico, ahora lleva a mamá a la ciudad, yo los espero aquí, vete rápido.
Hicieron los arreglos necesarios y sus padres partieron. Una vez solo en su casa, el joven se sintió más seguro, por poco
tiempo.
De repente, se dio cuenta que una vez más tenía la sombra detrás de sí. Era imposible, no había visto a nadie seguirlo, sin
embargo allí estaba, casi acariciándolo.
Se sintió amenazado, supuso que el final estaba cerca. Apagó la luz y sin explicación lógica, seguía viendo la sombra. En la
más absoluta oscuridad, era tangible su presencia. No había explicación posible.
Hay cosas que sólo desde el alma se entienden.
Resignado a su suerte, Lisandro prendió la luz, la sombra detrás de sí seguía casi adherida a su cuerpo y su destino.
Recapituló una y otra vez todo lo que había hecho y si bien era cierto que había robado para salvar la vida de su madre,
eso no lo eximía de sentirse sucio por dentro.
Supo en ese momento que hay caminos que son difíciles de desandar y que no siempre el fin justifica los medios. Cerró
los ojos y pensó en sus padres y en cómo, a pesar de sus necesidades y angustias, jamás habían traicionado sus
principios, como él lo había hecho.
Cuánto más pensaba en todo esto y más arrepentido se sentía, la sobra más lo abrazaba con un peso difícil de soportar.
Abrió los ojos y una vez más no vio a nadie. Recién en ese momento comprendió que la sombra tan temida no era más
que su conciencia. No era alguien que venía a apresarlo, era él mismo que no podía con la culpa y la vergüenza. No se
sintió aliviado. Ya no importaba si lo habían descubierto o no, él sabía lo que había hecho y no podía borrar el pasado. La
sombra seguiría allí por siempre adherida a su vida como la más pesada de las pieles.
Sin embargo, el joven no quiso quedarse con esa pesada carga, espero a que su madre sanara, contó toda la verdad a sus
padres y decidió hacer algo para revertir, en la medida de lo posible, lo que había hecho. Comenzó a trabajar
prácticamente las veinticuatro horas, de sol a sol, de domingo a domingo.
Al tiempo, volvió al pueblo, buscó a cada persona que le había robado, le explicó porque lo había hecho y devolvió la
mayor parte del dinero robado, el restó lo devolvió con más trabajo.
Saldar sus deudas le llevó a Lisandro un tiempo considerable, no tanto como sentirme mejor con él mismo.
Se dio una nueva oportunidad, era joven y estaba arrepentido de los errores cometidos.
¿La sombra? Jamás se pudo desprender del todo de ella, pero ya no la sentía como una pesada carga, sino como un
llamado de alerta para no olvidar cuáles son los caminos que se deben tomar y cuáles no.
18. LAS VACACIONES DE JUAN
